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Alejandro Magno y el Oriente |
| Por: Pedro Shimose * |
| La palabra “enclave”, según los diccionarios, significa: 1) territorio rodeado totalmente por otro de distinta jurisdicción; y 2) grupo étnico, político, ideológico o lingüístico que convive o se encuentra inserto en otro más extenso y de características diferentes. El periodista Mario Rueda Peña la usa con frecuencia para hablar de las migraciones andinas y sus asentamientos ilegales en el departamento de Santa Cruz.
Es por demás sabido que dichos enclaves son promovidos por el Movimiento Sin Tierra, movimiento social afín al MAS. Tal sucede en la Villa Primero de Mayo y en el Plan Tres Mil, en la mismísima capital cruceña, y lo mismo ocurre en el resto del departamento de Santa Cruz como Santa Rosa del Sara, Montero, Buenavista, San Julián, Yapacaní, San Ignacio de Velasco, Cuatro Cañadas, etc. Algo parecido ocurre, según la prensa, en los departamentos de Tarija, Beni y Pando.
Los “ocupas” del Movimiento Sin Tierra han cambiado de nombre. Hoy se llaman “colonizadores”. Asimismo han cambiado sus wiphalas por la bandera tricolor que antes rechazaban. Y todo para confundir a la opinión pública en nombre de un derecho que se confunde con la ocupación ilegal, llana y simple.
Por supuesto, los enclaves no surgieron por ensalmo ni por generación espontánea. Ante todo, nada tienen que ver con los auténticos programas de colonización. Son derivaciones de dos fenómenos, uno natural relacionado con las sequías y las inundaciones del altiplano andino en las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, y otro político, relacionado con la insensata política social del último gobierno de Paz Estenssoro (1985-1989), que cerró cinco minas nacionalizadas y echó a la calle, librados a su suerte, a 23.000 mineros “relocalizados”. La mayoría se fue a Chapare, convirtiéndose en campesinos cocaleros, y el resto se trasladó a El Alto de La Paz o fue transportado en camionadas a Santa Cruz y otras localidades.
Otro precedente fue la marcha indígena Trinidad-La Paz, auspiciada demagógicamente por el Gobierno mirista de Paz Zamora (1989-1993) y antecedente de las posteriores y reiteradas “marchas sobre La Paz” del movimiento cocalero de Evo Morales (cuya presidencia sigue ostentando) y de las huestes kataristas del “Mallku” Quispe. Los bloqueos, huelgas, manifestaciones y marchas belicosas pusieron en jaque a tres presidentes constitucionales (Banzer, Tuto Quiroga y Goni Sánchez de Lozada) y a dos presidentes accidentales (Mesa y Rodríguez Veltzé). Estos hechos derivaron, a partir de 2006, en motivos de discordia y enfrentamientos por la propiedad de la tierra en el departamento de Santa Cruz.
¿Qué tiene que ver el título de este artículo con el mítico Alejandro Magno de hace 2.300 años? Mucho. Alejandro conquistó el Oriente en el tiempo récord de diez años. Tenía 33 años cuando murió dizque envenenado por sus generales. Otros historiadores, menos atrevidos, sólo dicen que murió víctima de “extrañas fiebres’.
El joven rey macedonio conquistó el Oriente (desde Turquía y Siria hasta Afganistán y la India) con la misma táctica de los colonizadores del Movimiento Sin Tierra. Enviaba a sus soldados disfrazados de colonizadores, los instalaba en las cercanías de las ciudades que pretendía conquistar y, después de sitiarlas, las vencía sin disparar una sola flecha (en esos tiempos no había armas de fuego como ese viejo Máuser del magnicidio inventado por el Gobierno). Alejandro Magno aprendió la táctica de los enclaves leyendo al poeta Homero, autor de la Ilíada. Se cuenta que Alejandro dormía con la Ilíada y un puñal bajo la almohada. Nada sabemos cuál es el libro de cabecera del Presidente. Quizás sea Ciudadano X.
* Escritor
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