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Economía Empresarial | Síndrome de Estocolmo | | Por: Fernando Mirabal * | | En esta perspectiva, Bolivia sufre una suerte de Síndrome de Estocolmo puesto que la población se ha enamorado de sus captores.
El Síndrome de Estocolmo es una respuesta psicológica, en el que la víctima de un secuestro o una persona detenida contra su propia voluntad desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a sus captores para alcanzar sus objetivos. Debe su nombre a un hecho curioso sucedido en la ciudad de Estocolmo, Suecia, en 1973, cuando sucedió un asalto en un banco, los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante seis días. Al entregarse los captores, las cámaras periodísticas captaron el momento en que una de las víctimas besaba a uno de sus captores. Además, los secuestrados defendieron a los delincuentes y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior. Este caso se presentó luego en otros secuestros y el psicólogo Nils Bejerot le dio el nombre de “Síndrome de Estocolmo” al hecho de colaborar y enamorarse de los captores.
En esta perspectiva, Bolivia sufre una suerte de síndrome de Estocolmo, puesto que la población se ha enamorado de sus captores. A partir del 2000 fuimos víctimas de feroces bloqueos de caminos que impidieron la libre circulación de productos y personas, deteriorando la actividad empresarial, en especial la agropecuaria, las exportaciones y el turismo. El año 2002 la “guerra del agua” aceleró el proceso de desinstitucionalización con todas las secuelas que ese hecho ocasionó. Sobrevinieron varios otros bloqueos, se organizaron marchas de protesta y paros por cualquier motivo. Se han interrumpido mandatos presidenciales, afectando gravemente el proceso democrático.
El hecho que hayan habido seis presidentes en siete años, por las razones que fuera, es un ejemplo de lo dicho. Se ha descabezado el Tribunal Constitucional. Se han “nacionalizado” empresas recuperándolas para “todos” los bolivianos, aunque los beneficios sean sólo para algunos “santos”. Se han nombrado autoridades ejecutivas sin ningún tipo de experiencia relevante ni la capacidad técnica al frente de instituciones estatales con las consecuencias por todos conocidas. Se ha espantado la inversión en todos los sectores de la economía. Se observa un incremento desmedido de las plantaciones de coca y del narcotráfico. Existen presos políticos privados de su libertad sin haber gozado del derecho fundamental del debido proceso. Encapuchados sacando de sus casas a los “enemigos” del cambio. Intentos de amordazar a la prensa y se hace uso de los movimientos sociales para amedrentar a la sociedad civil. Procesos de aislamiento al negarnos a firmar tratados de comercio con los mercados más poderosos del mundo. El clan Terán, el atentado en Yacuiba, los 33 camiones de Pando, y un largo rosario de irregularidades.
No se puede explicar cómo es posible que los “captores” logren 54%, 67% y 61% en la votación presidencial y en los referéndos que se han llevado a cabo, cifras que sólo pueden ser alcanzadas si las “víctimas” votan por sus “secuestradores”. En otras palabras, los bolivianos nos hemos enamorado de nuestros captores.
Ante la casi nula inversión productiva, ahora las “víctimas” están tratando de acomodarse en alguna repartición pública sin importar si es “ganando menos que el presidente”. Otros acceden a los cheques y bonos que se están repartiendo, no importando si para eso tienen que aceptar condiciones que muchas veces van en contra de sus creencias, como cuando deben jurar quién sabe por quien, ya que parece que no juran por Dios ni por la Biblia sólo para no ser alcanzados ni por la justicia divina.
* Economista
fernandomirabal@yahoo.es
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