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Tinta China | ¡En mágico esplendor! | | Por: Roxana Pinelo * | | Si de exaltaciones se trata, la Entrada del Carnaval de Oruro rajó el aire y contuvo el aliento por breves y magníficas horas, dando paso a emociones…
El mes de febrero se gastó toda el agua, espuma, colorido, música, ritmo, baile, máscaras y disfraces dejando consecuencias no siempre agradables para el resto del año. Y es que la rutina quedó superada ante la fuerza arrasadora de un Carnaval mágico y complejo que se instaló en el país y el mundo entero. Como en un recreo consensuado, miles de seres humanos se lanzaron a las calles o se encerraron en sus silencios para saborearla cada quien a su estilo y sus recovecos. Para muchos y muchas, con la complicidad de normas y “no pues che”, que por esta vez sonrieron condescendientes y encubridores, los excesos se volvieron oportunidades bien simpáticas para demostrar alegría, ánimo y fe.
Como resultado, la tolerancia exhibió su mejor careta, cambió trajes por docena, amistó más de la cuenta, confundió enemigos en amigos para el resto de una vida todavía sorprendida, enredó abrazos y mandó besos en su máximo esplendor y apogeo. Aunque también despertó iras y abucheos por algún globazo mal apuntado y peor dirigido, un volumen atronador, un pepino excesivamente miskisimi, una “hermosa” demasiado esquiva, sacando de quicio sobre todo a quienes no disfrutan ni disfrutarán jamás de la “fiesta grande”, bien apoltronados en la declaración de sus derechos. Las imágenes no quisieron perder protagonismo y circularon por el mundo entero dando constancia de que basta un clic para conseguir la felicidad por muy barata que sea. Y basta otro, dizque para confundir y cambiar caras y personajes en nombre de “lo lúdico” que aprieta chisguetes y revienta globos con tal de ganar la guerra che.
En nuestro país, y por largos cuatro días, la fiesta escogió disfraz para disfrutar y sufrir a sus anchas. Cada región con su expresión artística y cultural, haciendo fuerza por preservar lo suyo a ultranza, jalando y configurando identidades que den cuenta de pasados, presentes y futuros dispuestos a no naufragar. Como figuras centrales lo simbólico y lo lúdico que ofrecen tanto con una sola condición: “mirar” sin anteojeras.
Si de exaltaciones se trata, la Entrada del Carnaval de Oruro rajó el aire y contuvo el aliento por breves y magníficas horas, dando paso a emociones que casi no pueden ser descritas decorrido. Majestuosa, solemne, mágica y arrebatadora mostró diablos, morenas, caporales, tink’us y demás delicias para demostrar con fuerza por qué es Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. En una sinergia indescriptible, músicos, bailarines y espectadores vivieron al unísono el compás de una fiesta dizque integradora porque a lo mejor, finalmente y por el lapso de algunas horas, reúne y reconfigura mapas individuales y grupales en un sentido de pertenencia tan único e insuperable que sólo puede repetirse en sus calles y avenidas, en la solemnidad de las promesas, en la cadencia y el ritmo de sus bailes, en la magnificencia de sus bandas, en la fuerza de las expresiones corporales, en la expresividad de bombos y platillos, en la calidez de los orureños y orureñas y en la grandeza de nuestro país.
Que sea motivo para bajar riegos y combatir malas costumbres. Menos guerra del agua, mayor control de consumo de alcohol, mejor organización en el paso de las fraternidades, respeto a quienes bailan, a quienes observan, a quienes atisban. Para que el 2010 cantemos felicotes y más fuerte todavía la fascinante frase de Llajtaymanta: Sin llorar, Sin llorar…
* Comunicadora
tintachin@gmail.com
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