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El seminario San Jerónimo sólo tuvo seis postulantes este año |
Bolivia tiene cada vez menos interesados en el sacerdocio |
|  | | Formación: alumnos del sacerdocio en un aula de San Jerónimo en la avenida Sucre de la zona Norte | |
En Bolivia hay cada vez menos personas que tienen vocación de sacerdote. La Iglesia Católica se ha propuesto trabajar en campañas de difusión con la pastoral vocacional de la Conferencia Episcopal de Bolivia para revertir esta situación.
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz, monseñor Óscar Aparicio, afirmó que la merma comenzó en el año 2000. En Bolivia hubo buena respuesta a las vocaciones (como denominan los católicos al sacerdocio) a partir de 1980. Esto se vio reflejado en el número de seminaristas, que hasta ese año superaron los 500 postulantes en el país. Desde entonces cayó la cifra de interesados: ahora llegan a 380.
El rector del Seminario Mayor San Jerónimo de La Paz, padre Luis Durán, ratifica la información. La cantidad de alumnos era de 85 en 1980, pero en la actualidad son 40 en sus siete niveles. Hubo años en los que el seminario registró aproximadamente 94 estudiantes entre las diócesis de La Paz y El Alto.
En 2008, San Jerónimo recibió a sólo seis postulantes, de los cuales tres ingresaron en el internado, el resto continúa en etapa de seguimiento en las parroquias de su barrio. En 2007, la cantidad llegó a 12, de éstos siete desertaron y cinco pasaron a nivel propedéutico (enseñanza preparatoria) y actualmente cursan el primer año de Filosofía.
El rector del seminario revela que las parroquias presentan una carencia de sacerdotes pues sólo tienen a dos como máximo. “Esto significa que están bajando demasiado las vocaciones”.
Las causas
El Obispo considera que entre las causas para esta reducción vocacional están: la poca incidencia de la pastoral vocacional y el surgimiento de nuevas propuestas civiles para los jóvenes, principalmente la apertura de universidades privadas.
Se suman: la crisis familiar y de valores en la sociedad, que puede influir negativamente en los jóvenes, y finalmente la cantidad de años de estudio de la carrera sacerdotal (siete).
Para el padre Durán, a esa lista hay que añadir la aparición de iglesias separadas (evangélicas) y la política. “Esta vocación es sustituida por el consumismo y la tecnología, porque se alejan de Dios y de las vocaciones, lo que influye negativamente en la sociedad, porque no habrá más sacerdotes”.
El jefe de la Pastoral Vocacional de San Jerónimo, padre Geovani Arana, explica que no se está incidiendo bien con la promoción vocacional. “Falta trabajar esta motivación y en el márketing promocional del seminario, visitando colegios y estar con grupos juveniles”.
Las soluciones
Para contrarrestar esta situación, la Iglesia se ha propuesto relanzar el tema de vocaciones para reafirmar la fe y dar una nueva visión en las parroquias.
El obispo auxiliar Aparicio anuncia que la Iglesia trabajará más en la pastoral vocacional desde la Conferencia Episcopal, que abarca a las 18 jurisdicciones eclesiásticas de Bolivia, y desde el Arzobispado de La Paz.
Aparicio insiste en que se debe seguir invitando a los jóvenes, porque ellos necesitan una convocatoria explícita. “Hay que invitar, hay vocaciones, hay que echar las redes”.
El rector del San Jerónimo, Luis Delgado, explica que algunos jóvenes ingresan en el seminario pensando que el sacerdocio es una carrera fácil, después de que no pudieron entrar en la universidad o en un instituto militar, pero se equivocan, porque el seminario es una institución bien consolidada, disciplinada y exigente, con la finalidad de formar integralmente a la persona.
Explica que dentro de la entidad se descubren en el postulante algunos problemas emocionales, psicológicos y hasta familiares, por lo que muchas veces el joven termina abandonando el sacerdocio. “Hemos tenido alguno que otro caso donde se ha descubierto que el joven estaba enamorando durante la formación”. Estas situaciones se descubren gracias a que los formadores del seminario se capacitan psicológicamente.
Los votos de celibato que son obligatorios también inciden en la permanencia.
La autoridad eclesial señala que del total de postulantes sólo el 25 por ciento llega hasta la fase final. Este proceso se conoce como “la perseverancia”.
Esa etapa comprende los tres primeros años de estudio, porque a partir de los cuatro últimos, que incluyen la materia de Teología, se tiene mayor garantía de que concluirán la carrera debido a que la gente ha probado su fe. Aunque en esta última fase también se puede abandonar, cuando los jóvenes se dan cuenta de que ése no era su camino o cuando las exigencias de los estudios los desaniman.
También hay grupos que aclaran su vocación y prefieren seguir otra opción, como catequista o en otra orden religiosa.
Los interesados
De acuerdo con la Arquidiócesis Diocesana de La Paz, los postulantes al seminario provienen de unidades educativas fiscales y son de clase baja, extrañamente no vienen de establecimientos católicos particulares. El obispo asegura que no existen interesados de las clases media ni alta, ni de la zona Sur.
También asisten de parroquias que se encuentran próximas a las laderas y en los últimos años se ha visto una proliferación de la provincia los Yungas.
Los seminarios de Chuquisaca, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz son los que tienen mayor cantidad de postulantes con relación a las provinciales.
La oferta
En Bolivia existen cuatro seminarios mayores: San José en Cochabamba, San Jerónimo en La Paz, Sorata Espada en la localidad del mismo nombre y San Lorenzo en Santa Cruz que ofrecen la carrera completa.
También hay otros seminarios diocesanos como el de El Alto, Oruro, Potosí y Tarija que sólo tienen el nivel propedéutico; el de Sucre y Cochabamba ofrecen tres años de estudio: el inicial y dos de Filosofía.
La formación consta de siete años de estudio, uno de propedéutico o vestibular, dos años de Filosofía y cuatro de Teología.
Leonardo, un seminarista del San Jerónimo del nivel propedéutico, cuenta su rutina diaria. “Comienza a las 06.00. Me aseo hasta las 06.30. Hago mi oración de Laudes y Salmos de 06.45 a 07.45. Tomo desayuno 15 minutos hasta la 08.00. Posteriormente ingreso a clases desde las 08.30 hasta las 13.00 con un descanso de 15 minutos para la merienda. En la tarde estudio de 14.00 a 16.00. De 17.00 a 18.00
leemos. Posteriormente oramos y cenamos. Nos dormimos a las 22.00 todos los días”.
En 30 años se ordenaron 80 curas
El Seminario Mayor de San Jerónimo funciona en La Paz desde 1600. Fue relanzado en 1978 y desde entonces ha graduado a 80 sacerdotes. Puede considerarse como un internado. En el primer año, los postulantes pueden visitar sus casas entre sábado y domingo, y recibir visitas los martes por la tarde. Pero a partir de segundo, estas reuniones se reducen a los miércoles, de 14.00 hasta las 22.00, cuando deben regresar al seminario. Este grupo de estudiantes asiste a parroquias de barrio donde permanece el sábado y parte del domingo colaborando a los sacerdotes como parte de la pastoral social.
La formación de sacerdotes está basada en cuatro pilares de formación que son: el pastoral (servicio), el intelectual, el espiritual y el humanista comunitario (sacrifico y ayuda a favor del ser humano) con el propósito de formar integralmente.
El rector, padre Luis Delgado, explica que el estudio comprende siete años: el propedéutico o vestibular, de un año, destinado a nivelar a los alumnos; dos años de Filosofía, en los se incluye la Historia de la Filosofía, y cuatro de Teología. Además se aprende latín, griego y aymara, este último mucho más intensivo que los otros idiomas. Al salir son destinados a una parroquia barrial para ejercer el sacerdocio.
La vocación les llamó de diferente manera
Cuando Dios llama
Seminarista
“Sentí el llamado del Señor el año pasado en un retiro en Sacahuaya Yungas. Dios quiere que yo le siga”. Leonardo, de 18 años, cuenta cómo decidió ingresar en el seminario. “He salido el año pasado del Colegio Humbolt y estoy en el seminario desde hace un mes, primero vine a ver cómo era la cosa en el seminario y se ha fortalecido mi vocación. Yo asistía a la Iglesia, desde que hice mi primera comunión animando las misas. Recibí apoyo de mi madre aunque soy el hijo menor. Asistía a la parroquia de Asunción del Señor en la zona de Chasquipampa”.
Mi familia no me apoyó
Seminarista
“Nunca he sido un chico de parroquia y nunca he pisado la misa, cuando estaba en colegio no sabía lo que era ser catequista”. Iver salió bachiller del Colegio Franz Tamayo de El Alto a sus 23 años. Ingresó en San Jerónimo hace un año, ahora cursa Filosofía. Conoció al sacerdote Longo en la Universidad Salesiana, quien le incentivó e influyó en su ingreso. “Cuando expresé mi deseo de ingresar en el Seminario, mi familia me dio la espalda porque querían que estudiara una carrera técnica”. Ahora asiste a la Parroquia de Las Nieves de Achachicala.
Lo hice por mi deseo
Seminarista
“Me siento feliz de estar aquí, veo que esto es lo mío”. Henry, de 28 años, permanece hace ya un año en el centro de formación de sacerdotes. En un principio era sólo una fascinación por experimentar el amor de Dios, pero “después como que empiezas a tener cariño”. “Ya no me imagino otra vida que no sea ésta, siento que ya es mi vocación, espero que con los años pueda sentirme cada vez más seguro”. “Llegar a esto fue difícil, intenté estudiar otras carreras que no me satisfacían y ahora llego a la vocación. Lo hice por mi propio deseo”.
Hasta el año 2000 los seminaristas eran aproximadamente 500 en todos los niveles.
Este año son sólo 380 en todo el país y se postularon seis aspirantes.
La Iglesia quiere hacer una campaña para recuperar interesados en el sacerdocio. |