La Paz - Bolivia, Domingo, 2 de mar de 2008
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Faltan 87 tipos de medicinas para frenar epidemias en Beni
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El riesgo de contagio de un sinfín de males está latente

Faltan 87 tipos de medicinas para frenar epidemias en Beni

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Cicatrices: Joel muestra las marcas que le provocan las costras de los hongos que tiene en la cabeza y que no curan

La Prensa / Trinidad.- “La sarna se pega, muchacho”, le cantan a Joel (5) en el kínder. El pequeño no quiere volver al colegio. Sus compañeritos no advierten el daño que causan con el cántico. El escozor en su cabeza es constante, tanto que sus ojos están levemente desviados por la picazón en los párpados, no deja de rascarse en ningún momento y las manchas que hacen las costras frescas que brotan de su rostro no se perderán más.

Fue atendido en una posta médica de Salud Familiar y Comunitaria (Safci), en una carpa del campamento El Pantanal, en el borde de la circunvalación de la ciudad beniana. Quienes lo atendieron dijeron que sólo un especialista podría dotarle de la crema que el precisa para detener la infección y que ellos hicieron lo que pudieron.

Mientras eso sucede, el responsable de Epidemiología del Servicio Departamental de Salud (Sedes) Beni, Wilfredo Camargo Pedriel, dijo que en ese departamento no se tiene la urgencia de ningún medicamento. Según él, todas las necesidades están cubiertas por el Servicio y las donaciones de países amigos.

Consultado sobre la situación de Joel, responde que es un caso aislado.

Contrario a Wilfredo Camargo, el director del COE Departamental, Carlos Dellien, detalló que hay 87 diferentes medicamentos que se requieren para controlar el estado epidemiológico en la ciudad, entre los que están los antiofídicos (contrarrestan el efecto del veneno de las víboras), los fungicidas (contra los hongos) y antibióticos (contra las infecciones). “Toda la ayuda nos es importante”.

El ministro de Salud, Wálter Selum, y el viceministro Juan Alberto Nogales estuvieron el viernes en Trinidad evaluando la situación. Este último cree que el riesgo de contagio de todo tipo de enfermedades es la peor amenaza, dada la convivencia a la intemperie de los damnificados.

“El riesgo a un sinfín de enfermedades es latente, pero me sorprendió ver las afecciones de la piel”, comentó Nogales, quien obtuvo un reporte mediante el COE Departamental. Según esas cifras, los médicos desplegados en el departamento realizaron 13.800 atenciones.

Sin embargo, el responsable de Epidemiología no puede responder cuánto personal —entre médicos, paramédicos y enfermeras— está desplegado en el departamento: “Eso es información de Recursos Humanos”.

Algunas afecciones en Beni

Un informe sobre las enfermedades que afectan a los damnificados de los campamentos, entregado a ese diario el jueves 28 pero cuya última actualización se la hizo al lunes 25, da cuenta de que los casos de leptospirosis confirmados son dos, a los que se suman cinco casos de dengue confirmados por laboratorio y tres de rabia canina.

Las afecciones en la piel son algunos de los males que emergieron con el agua de las inundaciones en el Beni. La situación de hacinamiento e insalubridad en la que sobreviven 22 mil personas en la capital, Trinidad, provocó un marco epidemiológico en la ciudad en el que destacan los dolores musculares y óseos, con un registro de 1.682 atenciones, la cifra más alta hasta el lunes 25 de febrero.

Luego se hallan las infecciones respiratorias agudas (IRA), 1.666 casos, y con afecciones de la piel, como la del niño Joel en El Pantanal, se ha registrado a 1.607 pacientes. Las enfermedades diarreicas agudas (DEA) provocaron 680 enfermos sin deshidratación y 101 con deshidratación. Y las picaduras de víbora mataron a dos personas y afectaron a otras 27.

El responsable de Salud de la Central de Pueblos Indígenas del Beni (CPIB), Claudio Cayadura, informó que esa amenaza es la que se cierne sobre los indígenas: “Y ni siquiera tenemos suero antiofídico”.

Aseguró que las más pequeñas son las más peligrosas. Coincide con él Abel Iba, vecino del barrio Villa Marín, quien admite que pese a estar en el radio urbano, al caer la noche aparecen lagartos y serpientes de las que ni el más avezado nadador puede escapar.

En el campo se cobijan en el agua y descansan sobre los árboles, y en el área urbana hacen nichos en los que eran pozos de agua en viviendas privadas.

Y las enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión, se están elevando y hay muy poco medicamento para los tratamientos, como la insulina para quienes requieran inyectársela.

El médico Johnny Paredes explicó que reciben pacientes afectados por el clima y la humedad. “Además de que la situación de constante preocupación tiene mayor efecto en ese tipo de enfermedades”.

¿Cuánto tarda la ayuda?

Wilfredo Camargo dijo que no tiene los datos discriminados entre área rural y urbana y que sólo recibe los reportes y los coloca en una matriz, de modo que no se sabe qué afecciones aquejan más a las diferentes regiones en ese departamento.

En el campo, un barco tarda incluso dos semanas en llevar ayuda humanitaria a algunas regiones del Beni, pero no por desatención, sino porque las dificultades de la exuberante topografía del departamento complica el arribo de algún medio de transporte.

Carlos Dellien, responsable del COE, informó que las zonas de Iténez y del TIPNIS son las de más difícil acceso a las que deben llevar la ayuda, ya que se encuentran en medio de pantanales y bosques tropicales donde no se puede entrar ni por aire, ni tierra ni agua, por lo que se eligen zonas ribereñas para dejar la ayuda de manera mensual para que las comunidades las recojan.

La distribución de los alimentos y otros insumos, en algunos casos, se hace con el Programa de Desarrollo Rural Integrado y Participativo de Áreas Deprimidas (DRIPAD), y llevan alimentos en helicóptero e incluso en el Barco Hospital, que debe recorrer 120 comunidades en el área rural, aunque en este momento hay más de 468 afectadas.

Cayadura admitió que no guarda registro de las poblaciones que están siendo atendidas en sus requerimientos médicos.

Dellien dijo que un viaje a esas regiones consta incluso de mil kilómetros.

“Las pistas que tienen son para avionetas chicas, y los helicópteros, dada la lejanía, no tienen autonomía —suficiencia de combustible— para llegar. Además, cargar el carburante complica la entrega de las dotaciones de alimentos. Entonces estamos llegando en barco”, lo que representa un viaje de por lo menos dos semanas. Para atención de emergencias se usa helicóptero.

Este domingo llegará a Trinidad un equipo para iniciar, la próxima semana, una campaña de fumigación contra los mosquitos y que se sumará a los 200 galenos que están en campo: 50 de la Brigada Cubana, 10 de la Venezolana, 33 médicos de Salud Familiar y Comunitaria (Safci) y parte del personal del Ministerio que recorre diferentes regiones. Además habrá una centena de médicos, paramédicos y enfermeras del Sedes.

Las amenazas que advierten en el área urbana son un posible brote de cólera por la exposición de alimentos y líquidos infectados, lo que por el momento genera las diarreas.

“Advertimos que hay problemas en servicios básicos, no están llegando de la manera en que debiera, en agua, luz y letrinas”. Mientras que en el área rural, un equipo de ocho personas controla un brote de fiebre hemorrágica que ya mató a una persona y cuya segunda víctima se restablece.

Por ello se despliega la desratización y se visita la zona para que las familias extremen cuidados con la higiene de sus alimentos y no consuman agua contaminada.

Ejercen control de la orina y las heces fecales

El viceministro de Salud, Juan Alberto Nogales, dijo que una de las preocupaciones que ahora se tienen en Trinidad es el control de los restos biológicos: “Cada día se generan cuatro toneladas de heces fecales y 300 mil litros de orina que deben ser recogidos y depositados de manera que no empeore la sanidad de los damnificados”.

La autoridad expresó que vio que las letrinas son una de las deficiencias que la capital beniana tiene, ya que hay campamentos que carecen de ellas, como Venecia. La Alcaldía beniana admitió que sólo tienen 110 letrinas para unos 22.000 refugiados y que en el área rural no hay ninguna, por lo que existe una carencia de 900 letrinas en el departamento.

La gente no acude a la posta médica

“Nuestro principal trabajo es visitar carpa por carpa a los pacientes, porque cuando no tienen algo grave no se acercan a la posta de salud”, explicó el médico de Salud Familiar y Comunitaria (Safci), Johnny Paredes, quien brinda información en la carpa sanitaria que atiende al campamento El Pantanal, uno de los que se hallan en el anillo de circunvalación.

El equipo Safci atiende los casos que van a la carpa, pero visita a cada familia en tres campamentos más —13 de Abril, Venecia y Puerto Almacén—, donde no sólo el personal médico sino los refugiados coinciden: la gente no asiste al médico. Una de las razones es el dinero: aunque la consulta es gratuita, en muchos casos el paciente requiere comprar los medicamentos o debe iniciar tratamiento. Rosario Yapu, damnificada en Puerto Almacén, dice que no confía en los galenos porque no los tratan bien, entonces cuando se sintió mal prefirió automedicarse contra el dolor de huesos.

El médico Claudio Mengual explicó que la prevalencia de las enfermedades además se da porque el boliviano no suele respetar los tratamientos. “Es comprensible que quien no tenga hogar ahora, menos tenga para remedios que cuestan 20 bolivianos o más. Pero no se respeta el periodo que deben durar los tratamientos, y eso empeora la vulnerabilidad”. Cuando se consume un medicamento menos del tiempo requerido, el organismo crea resistencia, por lo que la próxima vez que se enferme, el paciente necesitará dosis más altas.

Fabiola Yarena (30) expone al sol el rostro de su hijo Joel Elías (5), sembrado de manchas y costras, para que este medio vea el mal que le aqueja. “Son hongos y ya le puse benzoato de potasio, pero desde enero no sólo que no se pierden, sino que empeoró”. En la carpa de El Pantanal donde ella está, la posta atendió al pequeño, pero no puede hacer mucho: los hongos están en toda su cabeza, hay costras enredadas en su cabello y, mientras, una esquina de la ceja del niño comienza a infectarse porque se rasca todo el tiempo.

En la posta le recetaron benzoato de potasio y le pidieron que rapara a su hijo para curar mejor las costras, lo que Fabiola no hizo. Pero al ver que es un hongo más agresivo, consideraron que debe ser identificado mediante laboratorio y con un especialista, porque ese tratamiento no está en sus manos: precisa cremas fungicidas. La humedad favorece su propagación en el cuerpo de Joel y la madre está desesperada al ver cómo, con cada rasguño para aplacar el escozor, su niño se deforma el rostro. “El especialista cuesta 100 bolivianos, ¿de dónde voy a sacarlos?”.

Las cifras de las enfermedades que aquejan a Beni

Las afecciones más comunes son los dolores óseos y musculares.

Cinco casos de dengue fueron confirmados por muestras de laboratorio.

Una persona del municipio Magdalena murió con fiebre hemorrágica.

El segundo caso fue confirmado por el Centro Nacional de Enfermedades Tropicales.

27 mordeduras de víboras fueron atendidas y registradas por el Sedes.

Dos personas fallecieron este año en este departamento por el veneno del ofidio.

Hay cinco casos confirmados de dengue clásico en el departamento.

Hay nueve casos de leptospirosis, dos fueron confirmados el jueves.

Hay 22 mil personas damnificadas en Trinidad, capital beniana.

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