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Juan Eduardo Araos

Vocal Salvador Romero: El Órgano Electoral está “muy golpeado”, hay que reconstruirlo

Cuando se le pregunta la situación del Órgano Electoral, el vocal Salvador Romero tarda menos de un segundo en responder: es un organismo “muy golpeado” debido a que no cuenta con la confianza de la gente. Es más, sufrió la anulación de las elecciones, el mayor traspié que puede encarar una institución de este tipo.

Debido a la situación, el trabajo del organismo debe apuntar a dos ejes. El primero es recuperar la confianza y el segundo, mejorar todos los aspectos técnicos, incluido el informático, dice la autoridad.

Romero, de 48 años, fue designado el 25 de noviembre por la presidenta Jeanine Áñez como vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y tiene la misión de organizar diversos asuntos para cuando el Legislativo elija, en un tiempo corto, a los otros miembros que conformarán la Sala Plena.

Él conoce de estas lides, estuvo en la Corte Nacional Electoral entre 2004 y 2008, cuando la entidad gozaba de respeto y consenso. En ese entonces, el organismo se encargó de las elecciones que dieron como ganador por primera vez a Evo Morales luego de la crisis de 2003.

—Usted ya había tenido un cargo con una responsabilidad similar. ¿Cómo recibe ahora esta nueva designación?
—Sí, cumplí labores como vocal en la Corte Nacional Electoral de 2004 a 2008, que fue un tiempo políticamente complejo para el país, donde los procesos electorales contribuyeron a encontrar también salidas institucionales y pacíficas a la crisis de ese momento.
Creo que la responsabilidad hoy tiene efectivamente semejanzas con ese periodo, es una etapa de crisis poselectoral. El país ha vivido un episodio traumático: después de 40 años se anula una elección presidencial, ése es un evento muy fuerte que coloca mucha tensión sobre la democracia y, por lo tanto, gran responsabilidad sobre el próximo proceso electoral.

—¿Cuáles son las diferencias y similitudes que ve usted entre estas dos etapas?
—Los contextos son, por supuesto, distintos, incluso institucionalmente. En 2004, el Organismo Electoral se encontraba en una fase significativa de consolidación institucional que venía desde 1991 y la gestión procuró construir sobre todas esas bases que había avanzado el país y el organismo electoral. Hoy, la tarea que nos va a corresponder al conjunto de las autoridades electorales, tanto nacionales como departamentales, en buena medida será la reconstrucción del organismo electoral y también la recuperación de la confianza de la ciudadanía.

—¿En qué situación encuentra al Órgano Electoral?
—Es un Órgano Electoral muy golpeado, por supuesto, porque ha sufrido, sin lugar a dudas, el mayor golpe que puede tener una institución electoral, que es la anulación de un proceso electoral que haya conducido. Por lo tanto, una de las tareas importantes, prioritarias, pero que no va a ser inmediata en su conclusión, es la reconstrucción del tejido institucional del órgano.

—¿Cuáles son los principales responsables de que el Órgano Electoral esté como esté?
—Yo creo que no vale la pena mirar al pasado, creo que es una página nueva, del pasado hay que recuperar las lecciones para saber qué es lo que se debe mejorar, qué es lo que hay que corregir, cómo podemos tener los procesos electorales que la ciudadanía está solicitando, pero creo que lo importante hoy es concentrarnos en esta página nueva que está abriendo el organismo electoral.

—Si hablamos del pasado, nuestra historia nos muestra la banda de los cuatro como lo peor que pasó a nivel electoral, pero ahora también lo que ocurrió es complicado. ¿Puede haber alguna similitud?
—Sí, la historia del organismo electoral en Bolivia tiene al menos tres fases que pueden ser claramente distinguibles. En la década de los 80, el organismo electoral estaba controlado por los partidos políticos de una manera legal, es decir, los vocales eran representantes de los partidos políticos. Ese modelo hizo crisis en la elección presidencial de 1989. Fruto de ello se cambia de modelo y enfoque y se busca la designación de personalidades independientes de los partidos políticos, que tuvieran una trayectoria profesional y una solvencia ética que fuera incuestionable para la sociedad. Ese organismo electoral que comienza en el año 1991 es un modelo que le dio muy buenos resultados al país, que generó procesos electorales confiables para la ciudadanía y para los actores políticos.
Luego empieza una fase donde en la cual el organismo electoral termina siendo subordinado a otros de los poderes del Estado y, por lo tanto, hoy creo que existe conciencia de que ese modelo ha colapsado y que corresponde reconstruir un modelo fundado sobre la imparcialidad política del organismo electoral, de su independencia frente a los poderes del Estado y también que tenga confianza de la ciudadanía, que es un valor central de cualquier proceso electoral.

—¿Qué se está haciendo para recuperar la confianza, la imparcialidad?
—Hay dos elementos básicos sobre los que hay que trabajar. Primero, la imparcialidad. Y la independencia se va demostrando en todas las acciones que tenga el organismo electoral de manera cotidiana, en su relación con los poderes, con las organizaciones políticas, en la conducción del proceso electoral y, por otro lado, trabajando en el mejoramiento de todos los aspectos técnicos del proceso electoral, de tal manera que, cuando la ciudadanía acuda a votar en la elección de 2020, sepa que están dadas todas las condiciones para garantizar el respeto escrupuloso de su voto.

—Si debemos identificar tres medidas concretas que hay que realizar para ganar de nuevo la confianza de la gente…
—Una es el comportamiento imparcial del organismo electoral, es decir, que sus decisiones técnicas, administrativas y jurisdiccionales sean imparciales, sin sesgos a favor o en contra de ninguna organización política.
Un segundo aspecto es el mejoramiento de todo el andamiaje informático de la institución. De hecho, está previsto en la ley la obligación de proceder al saneamiento del padrón electoral, eso se va a hacer en un trabajo coordinado entre técnicos nacionales, pero también con un apoyo muy importante de a cooperación internacional.
Y, por supuesto, brindar las máximas seguridades a la jornada de votación de tal manera que los resultados que se pongan sean transparentes, reflejen lo que la ciudadanía votó y esa es la base de un Gobierno legítimo.

—Anteriormente hablaba que percibe voluntad política para lograr una transparencia. Sin embargo, hay quienes dicen que no hay que confiar en el MAS. ¿Cómo asegurar que habrá una elección de vocales transparentes si anteriormente ya se cometieron errores?
—Creo que existe conciencia en el país de que no podemos permitir que el proceso electoral de 2020 fracase. Los actores políticos han tomado decisiones que van ciertamente en la dirección correcta. Señalo como primer elemento la aprobación por unanimidad de la ley que regula la elección de 2020, y tenemos hoy en día indicios muy significativos de que el conjunto de los actores políticos y sociales están trabajando y están con el ánimo de elegir vocales que sean justamente una garantía de imparcialidad política, pero también de capacidad técnica y de capacidad profesional.

 

FASES ELECTORALES

Primera fase. Está actualmente en curso. La Asamblea tiene un plazo de 20 días para designar y posesionar a los vocales electorales.
Segunda fase. Una vez que estén posesionados los vocales, habrá un plazo breve de 48 horas en el cual se reunirá la Sala Plena del Tribunal Supremo Electoral, convocará a la elección y dará a conocer también el calendario de la elección.
Tercera fase. A partir de la convocatoria, habrá hasta 120 días para la realización de la elección presidencial.
Salvador Romero considera que no conviene especular sobre una fecha de convocatoria a las elecciones. Se debe esperar a que se posesione a los vocales y a que éstos instalen la primera sesión de Sala Plena.

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