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Norman Chinchilla

Evo Morales votó rodeado del afecto de sus compañeros de Villa 14

“Estoy cumpliendo un deber democrático, acabo de sufragar como me corresponde y aprovecho esta oportunidad para convocar al pueblo boliviano a participar en esta fiesta democrática”, dijo ayer Evo Morales Ayma, medio minuto después de depositar su voto en la urna de la mesa 16, del recinto electoral de la unidad educativa Villa 14 de Septiembre, en la localidad del mismo nombre, en el Chapare.

Era cerca de las 8:25 de la mañana y ese recinto electoral estaba repleto de gente de todas las edades que venían para sufragar y para ver a su líder sindical, candidato presidencial del Movimiento Al Socialismo (MAS), y presidente de todos los bolivianos desde hace 13 años y 272 días. La “fiesta democrática” a la que Morales Ayma convocaba poco después de sufragar había comenzado en toda Bolivia, de manera oficial, 40 minutos antes.

Pero Villa 14 vivía un ambiente festivo desde las 6 de la mañana, cuando muchos se preparaban en las calles para acoger a su compañero y presidente que volvía a casa, para quedarse aunque sea por menos de dos horas.

Esperado

Desde la entrada del pueblo, sobre la calzada arenosa de calles impecables de limpias, docenas de personas esperan a Evo, cuya llegada estaba anunciada para las 7 horas.

Un grupo de señoras vestidas con blusas idénticas, todas del mismo verde pastel que combinaba con sus polleras y faldas, formaban una doble fila, con un espacio entre ambas, por donde el Presidente iniciaría su recorrido a pie hasta el lugar del desayuno. Otro grupo más numeroso de varones con polos blancos de cuellos negros, y otro con similar atuendo, y jovencitas con faldas plisadas a cuadros rojiazules y blusas blancas como sus medias, muchachos de trajes gris oscuro y corbatas combinadas… Y policías, militares en traje de combate, gente común con su ropa de todos los días y citadinos venidos de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y de otras ciudades y otros países esperaban a ambos lados de las calles.

Y la caravana presidencial llegó a Villa 14 minutos después de las 7. La explosión de un triple petardo anunció su arribo. Evo Morales bajó de su vehículo e inmediatamente comenzó a saludar, con la mano en alto un momento, estrechando la diestra e intercambiando un semiabrazo con dirigentes, autoridades, o un beso en la mejilla, o en ambas, con señoras y señoritas, abrazando a niños que se le colgaban al cuello…

Las muestras de afecto y las solicitudes de atención se sucederían con escasas y breves pausas durante los 95 minutos de su estadía en Villa 14. Y el Presidente se mostraría, cada minuto, más relajado y sonriente, en una actitud distinta a la del sábado, cuando viajaba de Cochabamba a Villa Tunari.

La primera caminata presidencial terminó en el galpón del mercado de coca, limpio como una sala de espera de médico, donde un gran rectángulo casi completo de mesas enmanteladas estaba dispuesto para el desayuno que poco después comenzó a llegar en un ballet de charolas: sopa de pescado, primero, tambaquí frito con arroz, yuca y phuti de plátano, luego.

Cerca de una hora duró el desayuno que el Presidente se sirvió con evidente gusto, mientras hablaba con compañeros y compañeras endomingadas que se acercaban para saludarlo y hablarle.
Sonriente y relajado, Evo Morales disfrutaba tanto de la conversación con quienes lo acompañaban como de la comida. Un par de veces, su asistente le pasó un celular y él habló poco mientras su rostro se ponía serio, sólo unos instantes, para luego retomar una actitud cordial y de contento.

Igual de sereno y sonriente, el candidato del MAS se dirigió, después, a pie y rodeado de una afectuosa multitud, al recinto electoral donde votó. Para luego despedirse y partir rumbo a Chimoré, donde abordaría el avión presidencial que lo llevó a

La Paz para esperar los resultado de la “fiesta democrática” de ayer.

 

SÓLO ALBA, SU HIJA, HIZO SONREÍR AL VICEPRESIDENTE GARCÍA LINERA

LA PAZ, LOS TIEMPOS
JUAN EDUARDO ARAOS

Fueron cinco segundos en los que recorrió con su mirada la papeleta electoral. Serio, con las manos entrelazadas, de pie frente a la mesa 7 del colegio Agustín Aspiazu, el vicepresidente Álvaro García Linera primero observó la franja de abajo, de los candidatos a diputados uninominales, luego subió su vista hacia los presidenciales y no perdió detalle cuando la presidenta electoral del lugar dobló la hoja.

La seriedad se rompió cuando avanzó un par de pasos, miró a su hija Alba, le hizo cosquillas, le mostró el bolígrafo e ingresó a la sala habilitada para votar. Fue la única vez que sonrió notoriamente desde que llegó la mesa, al promediar las 9:52 de este domingo.

El lugar donde votó García Linera, y donde suele hacerlo desde hace años, está en el corazón del barrio paceño de Sopocachi, en la calle Aspiazu esquina 20 de Octubre, a un par de cuadras de la plaza Abaroa.

El mandatario decidió no cambiar de recinto electoral, pese a que ya no vive en la zona; ahora su vivienda está en el sur paceño.

La votación estaba planificada para las 9:30 y periodistas de diversos medios de comunicación ya estaban en el lugar desde incluso 45 minutos antes.

Gritos y aplausos a favor y en contra fueron la antesala de la llegada del Vicepresidente al segundo piso de uno de los bloques del colegio. Cargaba a su hija Alba, de dos años, vestía un saco plomo y junto a él caminaba sonriente su esposa Claudia Fernández, de jeans azules y polera blanca.

A medida que avanzaba por el pasillo hacia la mesa 7, García Linera saludaba a la gente en el lugar y dibujaba alguna sonrisa; sin embargo, la seriedad se apoderó de su rostro desde que pasó a la hija a su madre. La niña miraba a su papá y al resto de personas mientras no soltaba un muñeco de un dinosaurio.

El mandatario saludó a los miembros de la mesa y entregó, con sus dos manos, el carnet de identidad. Hizo una pregunta, firmó el libro donde están los comprobantes de sufragio y tras recibir su papeleta, entró a la sala de la votación. 27 segundos después, y sin sonreír, salió.

Posó una y otra vez con la papeleta.

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