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Unidad Educativa de La Peña ­Una escuela edificada de ladrillos y alumnos que trabajan como adultos

Nathalie Iriarte V.

Con apoyo de Connectas

El oficio del barrio y de sus infantes salta a la vista: al frente del colegio, una familia, con niños incluidos, apila ladrillos recién hechos. Apenas a una cuadra, dos pequeños vestidos de uniforme escolar los cargan en carretillas para transportarlos.

“Los contratamos desde los 10 años. Aquí nadie trabaja gratis, a todos se les paga. Se les da 10 o 20 (bolivianos), pero se les da. Los niños aprenden facilito a hacer ladrillos, como jugando los hacen”, dice Jorge, propietario de uno de los hornos, mientras carga a su pequeño de un año. Los hijos esperan crecer un poco para ser ladrilleros, como sus papás.

Según el Código Niña Niño Adolescente, la actividad laboral familiar comunitaria “tiene naturaleza formativa y cumple la función de socialización y aprendizaje”.

Virgina Pérez, de Unicef, opina que la naturalización del trabajo infantil supone una dificultad adicional en la lucha contra el mismo, pues las familias no diferencian una actividad de aprendizaje de los riesgos del trabajo infantil.

Para Karina, profesora de la escuela de este barrio —de migrantes quechuas de Chuquisaca—, nada es normal. No les puede dar tarea para la casa porque no la hacen y los padres se quejan si las llevan porque les impide trabajar.

Para llegar su escuela, los niños caminan solos desde sus casas por curveados caminos de tierra. Y lo hacen con gusto.

En otras escuelas, los niños esperan las vacaciones contentos, aquí no. Para ellos, la vacación significa trabajar jornada completa, por casi tres meses. “Maestra, no queremos vacación, queremos que abran la escuela, si cierran nos van a tener haciendo ladrillos todo el día”, le dicen a Karina.

La ley dice una cosa, pero la realidad es otra: “Hay un vacío institucional. La Defensoría debería atender casos de trabajo infantil, pero sabemos que hay deficiencias de presupuesto y técnicas”, dice Jaime Villalobos, coordinador de Save the Children. Esta ONG ha capacitado a más de 600 adolescentes trabajadores en situaciones de riesgo, para conseguir trabajos dignos. Una de ellos es Rilda, una joven de 17 años explotada mucho tiempo en trabajos mal pagados. Hace dos años, Rilda comenzó a recibir formación técnica y a conocer sus derechos laborales. Hoy se beneficia de uno de los emprendimientos que apoya Save the Children: tiene su propia peluquería.

Pero no todos son tan afortunados. En Bolivia —según un estudio de Unicef— se invierte un promedio de 29 bolivianos (4 dólares) al año por niña, niño y adolescente para la reducción de la violencia y atención de casos de vulneración de derechos. Con 29 bolivianos, apenas se compra un kilo de carne vacuna. Para Unicef, “esta inversión es totalmente insuficiente” y está mal enfocada.

 

La Legislación

Ley 548.

Artículo 131. III.

Las Defensorías de la Niñez y Adolescencia autorizarán la actividad laboral y el trabajo por cuenta propia de niñas, niños y adolescentes de 14 a 18 años. IV. Antes de conceder autorización, deberán gestionar una valoración médica integral que acredite su salud, capacidad física y mental para el desempeño de la actividad laboral o trabajo correspondiente.

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Niños ladrilleros apilan, mojan, moldean, hornean y cuentan los ladrillos.
ARCHIVO

La explotación laboral infantil es “lo normal”

Nathalie Iriarte V.

Con apoyo de Connectas

Leonela Soliz, exfuncionaria de la Defensoría de la Niñez y actual coordinadora de la ONG Visión Mundial, dice entender por qué no se atienden estos casos en las defensorías: Ni aparece la tipología. En municipios como Cotoca, Camiri y Pailón, no hay registro de trabajo infantil. ¿Por qué? Está naturalizado en los funcionarios. Algunos dicen: ¿Pero acaso es explotación laboral si un niño sale a trabajar para ayudar a su familia? Hay mucha confusión en los funcionarios, ésa es la falla en los servicios de protección.

Las palabras de Leonela Soliz aclaran los informes anuales que aparecen en la página web de la Defensoría de Santa Cruz de la Sierra: en 2015 se atendieron 3.992 casos de violaciones a los derechos de los niños, pero ni uno solo fue de explotación infantil. En 2016, lo mismo: cero. En 2017, la categoría trabajo infantil se unió a la de Trata y Tráfico y sólo se reportan dos casos. En 2018, la categoría desapareció como si el problema de la explotación infantil no existiera. Las palabras de Alan resuenan: los niños trabajadores son fantasmas o duendes para los servicios de protección infantil.

Aquí, esto es lo normal: para los niños la vacación significa explotación laboral infantil. Pero para estas familias es sólo un trabajo en el marco familiar comunitario.

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