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Invitado

Esta no es mi vida: From a Basement on the Hill – Elliott Smith

Roberto Oropeza

Agrónomo musical

 

En lo alto de la colina hay una casa y dentro de ella hay un sótano, podrías disfrutar de la vista del paisaje pero eliges quedarte en lo subterráneo. Elliott Smith debió sentirse así en los últimos meses de su vida. Repasemos, una carrera musical en meteórico ascenso, aparición y nominación en los Óscar de 1998 —donde finalmente acabaría perdiendo frente a Celine Dion—, discos imprescindibles y aclamación de la crítica. Nada importa en la oscuridad. Acabaría suicidándose —en un nebuloso episodio conyugal— con dos puñaladas en el pecho.

“From a Basement on the Hill” tiene el morbo de ser un disco póstumo y, por lo tanto, queda la susceptibilidad acerca de si el resultado es fiel reflejo de lo que Smith hubiera querido. O no. Se puede considerar demasiada intromisión al legado de un tipo, en cuyos discos había ejercido un control total. En una primera instancia la idea era que éste fuera un álbum doble; pero  dados los sucesos inesperados, las canciones no estaban finalizadas del todo, muchas quedaron en esbozos instrumentales y otras necesitaban un último giro. Entonces lo que tenemos a nuestro alcance es un pastiche. Un Frankenstein sonoro. Sin orden ni rumbo.

Cargado con más guitarras eléctricas que sus antecesores, el disco contiene un giro hacia el ruido y reminiscencias al rock de los 70, con los estallidos vibrantes en Shooting Star —cuyo inicio guarda cierto parecido con Purple Haze de Hendrix— o en el solo final de guitarra tamizado por el overdrive en A Passing Feeling. En los versos finales de la canción Smith parece resumir la sensación general de sus días: “Tardó mucho tiempo en pararse / Solo una hora para caer”. Las guitarras pasadas al revés en “Little One” logran darle un escenario a la voz de Elliott, que a estas alturas parece cansada y exánime. Incluso la cristalina “Memory Lane” encierra en su interior cierta toxicidad que se impregna en cada arpegio de la acústica: batallas perdidas, soledad y adicciones sin solución.

Pese a todo ese limbo de incertidumbre y disonancia, “From a Basement on the Hill” consigue ser un disco increíble, tal vez debido justamente a esos factores que le dan un halo de urgencia y espontaneidad, el contraste ideal para toda la melancolía que Smith acostumbraba a presentar en anteriores trabajos.

Al igual que en otros casos —Drake, Cobain o Cornell por citar algunos de la extensa lista— siempre se buscarán los mensajes premonitorios en cada canción, en cada gesto. La fascinación por lo inevitable ha convertido al público en un fanático de la misma. Nunca se tiene lo suficiente y cada cierto tiempo se va encontrando lo que se buscaba, el intérprete de algo a lo que todavía nos consideramos incapaces, el salto al vacío con los ojos abiertos. Bienvenido al subterráneo. 

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