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Alfredo Jiménez Pereyra

Hambre y falta de dinero activan una bomba de tiempo en la región

El paso de los días y la falta de una idea clara de cuándo se va a salir de la pandemia por el coronavirus generan un malestar social que ha dado lugar a protestas ciudadanas en varios países de la región, en forma de bloqueos, cacerolazos o marchas callejeras, lo cual genera marcada preocupación en los Gobiernos latinoamericanos y en organismos internacionales.

El problema no sólo radica por el temido colapso sanitario en una región que, en general, no cuenta con estados del bienestar, sino, sobre todo, por la posibilidad de que se produzca un estallido en unas sociedades con grandes bolsones de pobreza, miseria rural y hacinamiento urbano.

En Santiago de Chile, los vecinos de las comunas de El Bosque y La Pintana, barrios de clase obrera con sectores muy pobres, desafiaron la cuarentena decretada en Santiago desde el viernes para protestar con carteles, incendiando barricadas, golpeando cacerolas, y gritando consignas en contra del gobierno de Sebastián Piñera por la falta de trabajo y alimentos.

Gabriel Capetillo, periodista chileno, dijo a Los Tiempos que, a pesar que está prohibido salir de sus casas, cientos de pobladores salieron a las calles protestando por la carencia de comida, y el nulo apoyo del Gobierno para ayudar a las familias tanto de escasos recursos, como muchas otras que han perdido su fuente laboral debido al coronavirus.

En Colombia, las protestas han surgido en varias ciudades y zonas rurales del país y se dan en distintas modalidades: bloqueos de calles, cacerolazos y trapos rojos en las ventanas para exigir ayudas económicas y alimenticias.

John Palomino, periodista colombiano, manifestó a este medio que el pedazo de tela roja “sirve como grito de auxilio” y empieza a esparcirse por Colombia como un nuevo símbolo de protesta contra la pobreza que vive el país.

“El gobierno de Iván Duque anunció el pasado marzo un paquete de ayudas a base de subsidios, créditos blandos y suspensión de pagos, pero las medidas no son suficientes en un país donde la mitad del empleo es informal”, dijo.

En Venezuela, la falta de gasolina enciende las protestas en un momento en que el coronavirus avanza lentamente. La tensión ha ido creciendo de tal forma que la semana pasada cientos de personas rompieron la “cuarentena social y radical” en distintos lugares del país para protestar por la falta de combustibles.

En Bolivia, el descontento social tiene un componente económico, pero también otro de carácter político. Cientos de miles de familias que viven de pequeños negocios de venta callejera o trabajan en casas ajenas se han quedado sin fuentes de ingresos, lo que ha dado lugar a diferentes protestas. El gobierno interino de Jeanine Áñez ha destinado bonos económicos para paliar la crisis, pero los manifestantes en Cochabamba, El Alto y Yapacani (Santa Cruz) salieron a las calles para exigir la entrega de más bonos, alimentos y la realización de elecciones presidenciales.

En Ecuador, diversos sectores rechazan las medidas, entre ellas la eliminación al subsidio de combustibles, anunciadas por el presidente Lenín Moreno, al considerar que, lejos de aliviar la situación económica, afectan a los trabajadores.

Una periodista del diario El Telégrafo, que pidió guardar su identidad, dijo a Los Tiempos que Ecuador vive una bomba de tiempo y que, tras el desconfinamiento los universitarios, los trabajadores y sectores campesinos saldrán a las calles en protestas.

En Brasil, que se encuentra en una situación muy particular porque es el tercer país en el mundo en registrar altos casos de contagios y muertos, el presidente, Jair Bolsonaro, quien lidera las protestas en contra de la cuarentena, ha perdido en menos de un mes a dos ministros de Salud. Incluso, el mandatario ultraderechista autorizó el uso de dos fármacos que no tienen aval científico.

Las protestas también están presentes en España. Los opositores, en su mayoría de la derecha, realizaron esta semana cacerolazos contra el presidente Pedro Sánchez exigiendo el fin a la cuarentena para reactivar el aparato productivo.

 

RECESIÓN, POBREZA Y MÁS PROTESTAS

Las protestas que vivió Latinoamérica en 2019 podrían repetirse cuando acabe la pandemia si las medidas para luchar contra la pobreza y desigualdad son insuficientes, alertó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Según la Cepal, la pandemia provocará la peor recesión en la historia de Latinoamérica, caldo de cultivo para nuevas revueltas.

En tanto, el Banco Mundial (BM) advirtió que la pandemia podría dejar a 60 millones de personas, en el mundo, bajo el umbral de la pobreza.

El BM anunció ayudas por 160 mil millones de dólares para 100 países en vías de desarrollo donde vive el 70 por ciento de la población mundial.

 

ANÁLISIS

Gabriel Capetillo. Periodista Chileno.

Si no nos mata el virus, nos mata el hambre

Si Chile ya venía en crisis por la desigualdad social, falta de oportunidades y empleos, privatización del agua, pensiones indignas, escaso acceso a la salud y educación, entre otros, la pandemia que en un momento calmó los ánimos pareciera que quiere retomar la movilización social por unos de los derechos más esenciales de sobrevivencia: el hambre.

Por lo tanto, habrá que ver el contagio de la Covid-19, que ya está colapsando los centros de salud, su extensión en el tiempo puede causar una crisis mucho mayor en el futuro de un país que hace unos meses era  uno de los de mayor desarrollo .

En el Gobierno, si quieren sobrevivir y mantener en orden el país, en las actuales condiciones, no tendrán más que hacer uso de la caja fiscal y potenciar la inversión social, a diferencia de como venían administrando el sistema político, en que favorecían el interés empresarial en desmedro de lo social. Lo que pasa en El Bosque y La Pintana recuerda las movilizaciones que empezaron en octubre pasado que se conoció como “Estallido Social” y que reivindicaba un cambio por una nueva Constitución.

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