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Alfredo Jiménez Pereyra

Libia está nuevamente al borde de una guerra civil y sin cuartel

Ocho años después del estallido del conflicto que acabó con el régimen del coronel Muamar Gadafi, Libia continúa dividida en facciones rivales que luchan por imponer su ley a través de la violencia.

Dos Gobiernos —uno con sede en Trípoli, respaldado por la comunidad internacional, y otro con base en Tobruk (este del país), con apoyo del general Jalifa Haftar, conocido como “el señor de la guerra”— se disputan el control del país desde 2014 con oleadas de violencia intermitentes.

El llamado Ejército Nacional Libio (LNA, en sus siglas en inglés), como se autodenominan las fuerzas de Haftar, asedian desde principios de mes Trípoli con la intención de tomar la capital libanesa.

Diferencias entre milicias

Sólo las milicias armadas de Libia ejercen realmente el poder y a veces parece que tienen como rehenes a los políticos que dicen respaldar.

Durante el levantamiento contra Gadafi, cualquiera con una pistola podría imponer respeto y así emergieron numerosos grupos armados, hasta 1.700, según algunas estimaciones.

Las milicias estuvieron unidas en su odio hacia Gadafi, pero sólo por eso. No hubo un único grupo al mando de la rebelión. Varias formaciones procedentes de diferentes ciudades libraron sus propias luchas. También están ideológicamente divididas. Algunas de ellas están formadas por islamistas moderados, otras son secesionistas o monárquicas y otras son liberales.

Además, las milicias están divididas por líneas regionales, étnicas y locales, lo que agrega combustible a la diferencia, reseñó el diario El País.

Tras más de cuatro décadas de mando autoritario, las milicias tienen escaso entendimiento de los procedimientos democráticos.

Las principales milicias

En el este y centro del país, el general Haftar lidera el llamado Ejército Nacional Libio que está formado por exunidades del ejército y milicias leales. Se autoproclama como el principal oponente de las milicias islamistas y tiene el respaldo del Gobierno. Se cree que ha coordinado actividades militares con Egipto y Francia.

El Consejo de la Shura de los Revolucionarios de Bengasi (BRSC) es una compleja amalgama islamista de combatientes radicales, incluidos aquellos que juran fidelidad al Estado Islámico (EI). Tiene miembros de Ansar al Sharia, el grupo al que se culpó del asesinato en 2012 del embajador de EEUU, Christopher Stevens, en Bengasi.

Puede estar vinculado también con las Brigadas de Defensa de Bengasi (BDB), un nuevo grupo formado por combatientes que fueron expulsados de esa ciudad. Todos tienen en común que luchan contra el general Haftar, reportó el diario El Mundo.

La base del EI es la ciudad de Sirte y la componen desertores de grupos locales yihadistas y combatientes extranjeros. Su principal filial en Libia es el Consejo de la Shura de la Juventud Islámica (IYSC).En octubre de 2014, el IYSC declaró que Derna, un pequeño pueblo en la costa noreste y situado a 720 kilómetros de Trípoli se había convertido en el primer enclave de Libia en unirse al califato global que pretende crear el EI.

En el oeste, un grupo amplio llamado Amanecer Libio, que controlaba gran parte del oeste, incluyendo Misrata y Trípoli, se ha dividido en varias brigadas con diferentes lealtades. Algunas de ellas apoyan al Gobierno de unidad respaldado por la ONU, mientras que otros están indecisos. El grupo tomó Trípoli en agosto de 2014 con la ayuda de un clérigo islámico y fue liderado por combatientes de Misrata, la ciudad que se precia de haber presentado la mayor resistencia a las fuerzas de Gadafi.

 

Según la ONU, los enfrentamientos en la capital de Libia obligaron a unas 3.400 personas a huir de sus casas

 

NACIONES UNIDAS: APLAZAN REUNIÓN PARA ABORDAR CRISIS

La ONU aplazó el martes pasado la conferencia nacional libia destinada a trazar una hoja de ruta para llevar al país a unas elecciones debido a los combates que arrecian cerca de la capital, un nuevo revés para los esfuerzos de paz.

La conferencia estaba prevista que se desarrollara entre el 14 y 16 de abril.

La ONU, sin precisar fechas, indicó que el encuentro debería llevarse “cuanto antes”.

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidió a las partes en conflicto en Libia que recuerden sus obligaciones con la ley internacional y garanticen la protección de civiles, recordando que los ataques contra éstos pueden ser considerados crímenes de guerra.

 

JALIFA HAFTAR, EL GENERAL QUE PROTEGIÓ LA CIA

REDACCIÓN CENTRAL

Nacido en 1943 en la ciudad oriental de Ajdabiya, Haftar recibió entrenamiento militar en la antigua Unión Soviética antes de pasar a ser uno de los militares al servicio del coronel Gadafi, a quien ayudó a derrocar al rey Idris en 1969.

Desde entonces, se convirtió en uno de los hombres de confianza del nuevo líder libio, quien lo nombró Jefe del Estado Mayor del Ejército, según la BBC.

Para 1986 ya había obtenido en rango de coronel y Gadafi lo nombró comandante de las fuerzas militares libias involucradas en el conflicto con Chad.

Pero ahí llegó su caída. Libia fue derrotada por las fuerzas de Chad apoyadas por los franceses y Haftar y 300 de sus hombres fueron capturados en 1987. Haftar fue acusado de traición por haber abandonado el Ejército y haber permitido que sus soldados cayeran prisioneros.

Pasó varios años en las cárceles de Libia y luego, tras una negociación con la CIA en 1990, fue liberado y se exilió en Estados Unidos.

Algunos historiadores aseguran que desde entonces y por las próximas dos décadas se dedicó a pensar estrategias para derrocar al líder libio.

Se mudó al estado de Virginia, en EEUU, y su proximidad allí con la sede CIA llevó a muchos a comentar sobre una supuesta relación con los servicios de inteligencia estadounidenses, que apoyaron, según documentos desclasificados después, realizó varios intentos de asesinar a Gadafi.

Datos: Agencias e Internet

 

ANÁLISIS

Roberto Covarrubias Analista político

Vuelven a sonar los tambores de guerra

Tras la muerte de Muamar Gaddafi, el 20 de octubre de 2011, Libia quedó dividida en dos, pero con una anarquía total entre diversas tribus y milicias. Tal fue el caos, que el territorio libio se transformó en un caldo de cultivo para grupos radicales y yihadistas del Estado Islámico.

Las milicias aliadas a los dos Gobiernos que se disputan el control del país se han enzarzado en violentos combates en varias localidades alrededor de Trípoli durante las últimas semanas. Aunque no existe un balance claro de víctimas mortales, se cree que se sitúan por encima de la media centena.

El otro escenario clave para la suerte de Libia es la escena internacional. Desde su comienzo, el actual conflicto libio se ha visto alimentado por las ambiciones y luchas de poder entre las diversas potencias regionales. Mientras al primer ministro libio Fayez al-Serraj, que ejerce el poder en Trípoli, cuenta con el apoyo Turquía, Catar e Italia, obsesionada en reducir el flujo de migrantes, Hafter ha recibido el respaldo público de Arabia Saudí, Emiratos y Egipto, y el velado de Francia y Rusia. Estados Unidos ha mantenido una posición más ambigua, sobre todo desde la llegada de Donald Trump al poder.

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