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AFP

Berghain, el templo berlinés del techno, abre con exposición sonora

Desde el comienzo de la pandemia, el silencio se ha adueñado de los clubes de música techno de Berlín. El más prestigioso - y sulfuroso - de ellos, el Berghain, reabrió sus puertas para una exposición sonora inédita. No para bailar, solo para escuchar. 

"Escuchas, sientes, puedes cerrar los ojos, también puedes abrirlos, y viajas detrás de los sonidos en la sala", declara el artista Carsten Seiffarth, creador de la galería "singuhr projekte", que promovió el proyecto.

La exposición se prolonga hasta el 2 de agosto en el inmenso Hall Kessel con sus techos de 20 metros de alto, detrás de las salas de baile del club, emplazado en una antigua central eléctrica.

El público puede escuchar once composiciones de unos cincuenta minutos en total. Una mezcla de ruidos de ciudad, de helicópteros, silbidos, crujidos, susurros, todo ello difundido a través de 24 altavoces ocultos.

Debido al coronavirus no puede haber más de 50 personas en el recinto. En el exterior se forman largas colas para entrar.

Una sala como instrumento

"Invitamos a dos artistas, Sam Auinger y Hannes Strobl, a hacer un trabajo para y con la sala", explica el curador Markus Steffens. "Consideran la sala como una especie de instrumento", explicó. Los sonidos resuenan de forma diferente en función de dónde se encuentre el visitante.

El proyecto se elaboró a comienzos de 2019, mucho antes del estallido de la pandemia de Covid-19, que puso fin de repente a la vida nocturna en los clubes berlineses y condujo a semanas de confinamiento.

Muchas de las restricciones se han levantado. Las tiendas y los museos han reabierto pero las discotecas -caldo de cultivo de infecciones por coronavirus- están condenadas a seguir cerradas.

Los organizadores reconocen que estaban un poco preocupados por la acogida que tendría el proyecto. 

"Al principio no sabíamos muy bien lo que iba a pasar. ¿Y si no viene nadie por miedo a infectarse?, declara Carsten Seiffarth. 

Pero las salas tienen altura, son grandes y se ventilan regularmente, y la gente necesita volver a salir después de semanas de confinamiento, dice.

"Aquí podemos estar juntos, con mucha gente. Bueno, no demasiada, solo 49 si llegas solo", señala. "Y se trata de una experiencia, con esta sala, y de las emociones que se sienten que van más allá de la simple escucha".

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