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Despiden a Cayo Salamanca con versos y música

Cayo Lucio Salamanca, mentor de músicos y fundador del Bocaisapo falleció el miércoles en su vivienda de la zona de Ovejuyo, a los 72 años, en La Paz.

Salamanca nació en Cochabamba, pero se mudó a La Paz hace más de 30 años, donde llevó adelante su carrera artística. Según sus allegados, el artista estaba enfermo y empeoró en los últimos meses.

Según el diario La Razón, los amigos de Salamanca solicitan una ayuda económica para atender los servicios funerarios así como el traslado de su hijo Manuel desde Santa Cruz. La cuenta del Banco Mercantil Santa Cruz es 4061246932, a nombre de Francisco Manuel Salamanca Linares, con CI 3728667, Cochabamba.

Ante la imposibilidad de asistir a su entierro y despedirlo como se acostumbra, debido al Covid-19, familiares y amigos le dedican mensajes y canciones a través de las redes sociales. 

Willy Claure, quien lo conoció a sus 15 años cuando se integró al grupo musical Khanata escribió:

"Padre no es solo quien engendra. Cayo Salamanca no fue mi padre biológico, pero fue quien me dio luz en mi carrera musical. Reposa y vuela amado Salamanca".

El cantante y guitarrista acompañó el texto con una fotografía de los años 80 donde figuran Cayo y Claure. El intérprete también compuso una cueca para Salamanca.

El cineasta y poeta Luis Mérida Coimbra le dedicó varios versos, que tituló "Alma de Río Musical":

El 7 de mayo del año 2020 entró a los reinos de la eternidad un artista lleno de mundo, entró tocando su concertina, al que él llamaba “mi gusanito”, su quena alucinada, vibrante, iba vestido de gala campesina, traje de colores con gallardetes de un caballero andante y quijotesco, montaba un caballo rocinante y azabache. Su melodía despertó a los guardianes del cielo y del infierno, lo reconocieron todos.

Cayo salamanca tenía una penetrante agudeza del sentido artístico musical, era un artesano de la madera, de los telares, del metal; un maestro en la quena y la concertina, un ser mítico con su compañero inseparable: El Sapo.

Cayo proviene de estirpe cochabambina, una familia emblemática de artistas, noctámbulos bohemios, Jimi, su hermano mayor, también fallecido, arquitecto, un amante del arte, su otro hermano: el famoso Danger, el Jovero Salamanca, charanguista de cepa, que los parroquianos cochalas conocieron, amaron, admiraron, único espécimen que punteando -muy de madrugada- afinaba en su inseparable charango, el “Temple Diablo”

Con Cayo Salamanca, creamos los años 80s: Cultura Popular Kanata, proyecto cultural de artes y artesanías, cuyo centro era la Villa de Quillacollo. Con su grupo musical viajamos por todo el país, llevando música, diapositivas y alegrías de las fiestas campesinas. Era un cultor del folklore ascendido a la esfera del arte.

Vivió muchos años en Caracas, Venezuela, donde trabajaba en su oficio de artesano y músico. De la tierra del libertador tenía muchos y bellos recuerdos, anécdotas, fabulas e historietas, que nos hacían llorar y reír.

La memoria es un recurso para escapar de la muerte, es por eso, qué, recuerdo al amigo del alma, al ser de memoria inconsciente y pura, personaje de los avernos, los abismos y las albas, este artista de notable cuño, nos hacía vibrar de emoción con sus instrumentos melodiosos. Tenía un sentimiento de poeta espiritual.

Viajamos investigando fiestas quechuas y aymaras: Tapacarí, Arque, Torotoro, Bolívar… grabando músicas, fotografiando; una exquisita experiencia que nos deparó una colección de diapositivas escondidas para perpetua memoria. Trabajo y diversión, compromiso y esparcimiento, averiguando la bucólica vida rural, los arcanos andinos, los instrumentos musicales: Lechehuayos, Chulujchullos, Jula Julas, Sikus, Erkes… Fue una década de labor fecunda y apasionada. Grabó varios discos de notable calidad. Producimos una revista llamada Obra.

Pero indiscutiblemente, su logro más notable fue el local Bocaisapo, uno de los locales más emblemáticos de la bohemia paceña: EL Bocaisapo, situado cerca de la Cruz Verde, en plena Jaén, donde los lémures, las marabuntas y las viuditas salen a pasear en altas horas de la noche. Su ajayu quedó por siempre y para siempre en esos subterfugios de la antigua ciudad.

En el Bocaisapo se congregaban artistas, escritores, andantes de la noche, la bohemia de esta ciudad mágica, siempre había música, poesía, cuentos que leíamos al compás de un público cautivado por el Sapo Cancionero. Visitantes continuos fueron varios poetas, dramaturgos, entre ellos Víctor Hugo Vizcarra, el poeta Jorge Campero, el guitarrista Alejandro Canedo, y muchos otros bolicheros de toda especie y condición.

En ese local moraba un gran Sapo de piedra, tostado de oscuridad nigromántica, Sapo mago, Sapo sabio, Sapo osado y temerario, al que se le reverenciaba con ofrendas de alcohol, coca y en su aniversario, se lo paseaba en procesión por las calles de la urbe hasta el Teatro Municipal, donde se libaba, se pijchaba, se cantaba, se reía y se bailaba.

Cayo tenía una melena hasta media espalda, cabellera que él, cuidaba con esmero y deleitación de artista. También practicaba con devoción: la orfebrería. Su rostro era de viento, su alma brillaba, en sus ojos relampagueaba el Supay.

La filosofía asegura que la única certidumbre de la verdad es la muerte, mucho más en este tiempo endémico, purulento, enfermo, nocivo y que nos presenta el advenimiento, la anunciación de la última etapa de vida de la Especie Humana. Se lo llevó la guadaña, no pudo sobrevivir más tiempo. Su nombre brilla en la oscuridad resplandeciente.

Te extrañaremos amigo, compañero y hermano, desde el cautiverio de la cuarentena te rendimos distinciones y te mandamos señales del humo sacrosanto este viernes de Koa, un día después de tu partida de este mundo podrido.

El poeta y trovador Alejandro Canedo y otros compañeros compartieron el siguiente texto:

Mítico maestro del entrelineado de la noche,
el amor es certeza absoluta de incertidumbres entrañables.
A él nos remitimos para decir conversar cantar y redimirse de tribulaciones
cuando el alma tiene un mundo que olvidar.
Noches y noches que te debemos la vida
sin saber cómo diablos no encariñarnos contigo hasta las últimas consecuencias con esta y todas las tristezas.

Este gesto alegrón es artimaña para no llorar junto a ti,
aunque el inventario de la sequedad está inscrito en el páramo de nuestros párpados
no queda lágrima posible.

Aquí estamos con nuestra impotencia vergonzante,
pero con todos los cartílagos.
Veteranas ilusiones tendidas al fuego quieto y la plata errante en un cielo tuerto.
Nos ofrecemos hijos
los que tuvimos
los que perdimos
y los que nunca tendremos
“compañero del alma, compañero”
aquí estamos
tus _a m h i j o s_.

El mítico grupo musical Khanata fue fundada por él, en los años 70 en Cochabamba. La agrupación fue pionera en el rescate y la difusión de la música popular y por sus filas pasaron decenas de artistas hoy exitosos. También fundó el local AveSol Otro y posteriormente, en 1997, abrió el Bocaisapo Coca Arte Cultura, un lugar que albergó a poetas, pintores, músicos y bohemios.  

 

 

 

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