Pasar al contenido principal
EL PAÍS

Francia y Corea abren el telón del Mundial femenino más explosivo de todos los tiempos

“Dare to shine” es el eslogan que la FIFA ha elegido para este Mundial. ¡Atrévete a brillar! Suéltate, libérate de los prejuicios, toma riesgos, no tengas miedo a cometer errores, disfruta. Hoy empieza en Francia el octavo Mundial de fútbol femenino con el duelo entre las anfitrionas y Corea (15:00 HB): el Mundial de la reivindicación, de la lucha por la igualdad de condiciones. Las chicas también juegan, las chicas —como dicen las internacionales alemanas— no tienen pelotas, pero saben cómo usarlas.

Ada Hegerberg, la actual Balón de Oro, ha decidido renunciar por discriminación. En 2017 anunció que no acudiría a esta cita si no se igualaban las condiciones con las que compite la selección masculina: dinero, infraestructuras, planificación, alojamiento, etc. Las estadounidenses, que encabezaron en 2015 la lucha para que el Mundial de Canadá se disputase sobre césped natural —algo que finalmente no ocurrió—, reclaman ahora a través de una demanda colectiva presentada en un juzgado de Los Ángeles que su federación deje de discriminarlas. Les pagan menos que a los hombres a pesar de que el equipo femenino ha generado más beneficios, ha jugado y ganado más partidos y campeonatos (tres veces campeonas del mundo) y ha movido más audiencia.

Las alemanas, ocho veces campeonas de Europa y un Mundial, cuentan en un video que por su primer título recibieron un juego de café. Dicen que juegan por un país que ni siquiera se sabe sus nombres y que desde que empezaron con el fútbol tuvieron que luchar no sólo contra las rivales, sino también contra prejuicios como que las mujeres son para tener bebés y hacer la colada.

En Portada