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La naranja mecánica: Su impacto, alcance y algo de historia en el umbral de una posible secuela

Marcos Loayza

Cineasta

El cine comprobó su potencial artístico mucho antes de que se lo ponga en duda, cuando a la luz de los acontecimientos, “con el periódico de ayer”, los críticos e intelectuales comprobaron que las películas del expresionismo alemán anunciaron, alertaron, o dibujaron casi una década antes, sobre los nefastos movimientos sociales que después de la gran guerra encumbraron al poder a Hitler en Alemania, a Stalin en La unión Soviética y a Mussolini en Italia. Mostraron lo que no tenía nombre pero que ya habitaba en los miedos de algunos alemanes.

La película “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick, estrenada en 1971, consiguió  lo mismo. En ese tiempo el mundo era otro muy diferente al que conocemos hoy, había la sensación de que los sueños, a pesar de los golpes, estaban intactos, lo virtual no valía absolutamente nada y entonces se vendían y bien, muchos objetos que ahora prácticamente no tienen valor alguno.

Al acabar la década de los 60 se vivía el punto más alto de una profunda crisis global: en apariencia eran los años más convulsos de la rebeldía, pero la verdad era que los jóvenes levantaron grandes fogatas, desde diversos espacios y con diferentes consignas, para quemar todas las utopías; los adultos no sabían aún que el muro de Berlín caería, que Stokey Carmichael de las panteras Negras terminaría en el autoexilio, que las revoluciones en América Latina quedarían inconclusas y sólo servirían para estudios sociológicos, que los hippies se consumirían y se reducirían a pequeños guetos, que la guerra de Vietnam se acabaría y sólo dejaría un hermoso memorial y que Lyotard no había empezado a escribir su libro “La condición posmoderna” (1979) .

Pero no sólo eso, sino que sobre las cenizas de las fogatas empezaron a abrazar las distopías, que aparecieron en canciones, comics, fanzines, novelas y algunos programas de televisión. Una de esas novelas era “La naranja mecánica” del músico, profesor y novelista Anthony Burgess (1961).

 

Dice la leyenda…

Dice la leyenda que el novelista que estaba en Indonesia y ante la enfermedad de su esposa, una secta religiosa del lugar le propuso un método naturista para sanarla. Los procedimientos le espantaron y le inspiraron para escribir el método Ludovico de la novela, dicen también que el nombre de la secta sonaba más a menos a “Orange”, que dio origen al nombre, otros dicen que el novelista sufrió un desmayo y que le diagnosticaron una enfermedad cerebral mortal y que para dejarle a su mujer algún sustento escribió cinco novelas en un solo año, entre ellas “La naranja mecánica”.

Cuenta también la leyenda que al principio Anthony se mostró muy entusiasmado de participar en la película de Stanley y él mismo empezó a adaptar al cine su novela, pero después los dos creadores dejaron de entenderse y el novelista abandonó el proyecto y Kubrick decidió, tal vez por despecho, usar la misma novela como guion literario. El particular procedimiento consistía en que en el set los actores leían un y otra vez el capítulo que se rodaría, y hacían propuestas de interpretación y al final del día se filmaba en base a eso.

Queda también para la leyenda las dos versiones finales de la película, una que incluye el capítulo final con Alex casado y la otra más popular que todos conocemos.

Hace poco aparecieron unos manuscritos sobre un libro de Burgess que se llamarían “La condición mecánica”, que escribió a petición de Stanley para hacer una especie de secuela del éxito de “La naranja mecánica”. Al final no hubo ni película ni libro hasta la muerte del escritor. El libro no es una novela sino más bien reflexiones acerca de su oficio como novelista (“inútil según él a diferencia del panadero”)y de la condición moral, de lo que le cambió y significó para él la película (que fue prohibida en más de 30 países y que hasta la fecha hay unos cuantos países que no pueden verla). Una de las preguntas más trascendente del libro es ¿si está bien el libre albedrío sin la presencia de Dios?, o “es posible que no estemos obligados a amar la música de Beethoven, no odiar a la Coca-Cola, pero cabe la posibilidad de que estemos obligados a desconfiar del Estado”; finalmente el escritor a pesar de escribir al año del estreno: “Fui a ver A Clockwork Orange de Stanley Kubrick en Nueva York, peleando para entrar, como todos los demás. La pelea valió la pena, pensé –una película muy Kubrick, técnicamente brillante, pensante, relevante, poética, que despierta conciencia–. Fue posible para mí ver el trabajo como un remake radical de mi novela”. Finalmente, dijo “no comulgar para nada con la película, pero que no puede ser injusto en no reconocer que gracias a la cinta,  su novela no haya envejecido y sus regalías no hayan menguado”.

 

Repercusión

Para hacer su versión, Kubrick juntó varias cosas que alcanzaron gran éxito en esos años: la novela de Burgess, la actuación como enfant terrible de Malcolm  Mcdowell en la magnífica “IF” (“De qué lado estás” 1968)  del maestro Lindsay Anderson y finalmente el disco con música de Jonh Sebastian Bach, tocada con sintetizadores por Wendy Carlos titulado “Switch on Bach” (1968), que se convirtió en el disco más vendido de música clásica. Estuvo en el número uno en ventas en Billboard desde 1968 hasta 1972 y ganó el disco de platino.

El resultado es que la obra nos anunció o alertó, lo que sería la sociedad años después; en palabras de Kubrick: “Las aventuras de Alex son algo así como un mito psicológico, nuestro subconsciente encuentra en Alex una descarga”. Una sociedad donde el pacifismo y el rock psicodélico y hippie dieron paso al punk y a una estética llena de símbolos de violencia, donde las rebeldías se rindieron al mercado y donde el pregonar el libre albedrío pasó a ser muy mal visto por moros y cristianos.

 

MANUSCRITO

Una segunda parte

El 26 de abril los medios anunciaban que un manuscrito con la continuación de “La naranja mecánica” fue hallado en Reino Unido. Titulado “The Clockwork Condition” (La condición del mecanismo de relojería), este texto inacabado de 200 páginas mecanografiadas fue hallado por Andrew Biswell, profesor de literatura moderna de la Metropolitan University de Mánchester, en los archivos del escritor Anthony Burgess, anunció la universidad en un comunicado.

La novela de Burgess “A Clockwork Orange” (1962) fue llevada por Kubrick a la gran pantalla en su ya legendaria película.

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