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Apuntes sobre el artista y el arte comercial en el cine boliviano

Marcos Loayza

Cineasta

El debate sobre el cine comercial en una sociedad como la nuestra, con tan difíciles condiciones de producción cultural, tan necesitada de un diálogo entre el arte y su sociedad, es una cuestión muy antigua: el padre salesiano Renzo Cotta, a quien el cine boliviano le debe tanto (por la cinemateca, los cines clubs, Ocic Bolivia, publicaciones, el cine 16 de Julio y biblioteca), declaró que “se tenía que tener en cuenta que nadie produce para el vacío, para un público completamente anónimo. Se hace cine para el espectador”. Por su parte, su amigo y cómplice, el jesuita Luis Espinal, al respecto, decía “que si queremos hacer un cine que no sea protegido por la Alianza para el progreso (entonces programa de ayuda del gobierno de Estados Unidos) y otros etc., tenemos que hacer un cine que ha de recuperar sus gastos —comercialmente— dentro del tipo de sociedad dentro de la cual estamos (…) por eso (…) hemos de hacer un cine de calidad, un cine para nuestras masas, no para los festivales”.

Esto declararon hace más de 40 años en sendos debates públicos; desde entonces que sigue abierta la discusión de si es, o no, pertinente hacer un cine comercial, y qué actitud debemos tener como cineastas y como sociedad frente a éste.

 

Alimentar la práctica

Años antes, el maestro brasileño Glauber Rocha (autor entre otras obras de “Tierra en trance”, “La edad de la tierra” y “Dios y el diablo en la tierra del sol”) declaraba, a pesar de detestar las “pornochanchadas” (comedias eróticas), que un cine comercial era necesario para alimentar de práctica, técnicos, tecnología y capital al otro cine.

Si retrocedemos todavía más atrás y desde Hollywood, corazón mismo del cine comercial, ante la dicotomía entre arte y comercio, Orson Welles pensaba que “es tan vulgar trabajar por el afán de ganar posteridad como por el afán de ganar dinero”.

Por eso creo que, a la hora de hablar del cine boliviano, carece de sentido poner en un lado las llamadas películas “comerciales” como “Mina Alasca”(Jorge Ruiz, 1968), “Volver” (Jorge Ruiz,1969), “Patria linda”(Alfredo Estívariz, 1972),” La Chascañawi” (Hermanos Cuellar), “Tinku” (Juan Miranda 1985), “Engaño a primera vista” (hermanos Benavides, 2016) o la recién estrenada “Avaroa” ; y del otro las películas que están en todos los debates y libros e historias del cine Boliviano.

Si de verdad queremos promover y ejercer la libertad, debemos respetar a todas las películas independientemente de la intención con las que fueron concebidas, del resultado obtenido y del impacto o no conseguido.

Más porque, desde el otro lado, el artista, más allá de las intenciones, de las condiciones o de que, por ejemplo, sea un encargo, tiene una manera de ver y entender las cosas de las que no puede desprenderse a la hora de trabajar, así lo trate o se vea obligado; por eso tal vez sea tiempo de releer las teorías de cine de autor, ya no a partir de los modos de producción, sí en términos del origen de la palabra, que se refiere a: auténtico.

En palabras del filósofo F. Nietzsche: “Se es artista a condición de sentir como un contenido, como la cosa misma, lo que los no artistas llaman forma”.

Tal vez eso de que somos el séptimo arte sea sólo un frase dogmática, o tal vez en palabras de don Franz Tamayo, “unos poseen las cosas, los otros sólo las fuerzas para crearlas”.

 

RECIÉN ESTRENADA

El caso Avaroa

La película “Avaroa, el sol de gloria”, estrenada el 21 de marzo en 17 salas de cine de Bolivia, fue dirigida por Camilo Maldonado, quien declaró en varios medios, incluyendo éste, su intención de hacer cine comercial, algo que falta en nuestro país, según su criterio. Su proyecto abarca más de una docena de producciones que se estrenarían a lo largo de este año, en los que piensa retratar héroes históricos bolivianos, con un tratamiento liviano, según sus propias declaraciones.

Quedan muchas cuestionantes sobre la calidad de este tipo de producciones, para que lleguen a ser realmente comerciales.

Sin embargo, entre las reacciones por el largometraje, se tuvo de todo, desde comparaciones de la película con telenovelas hasta cinéfilos emocionados en ciudades como Oruro, según medios de prensa de dicha ciudad.

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