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Adriana Trigo

Hablemos de envidia

Ese personaje ficticio que se pone verde de envidia, refleja cómo vivimos varias mujeres. Y es que Zelena, La Bruja Mala del Oeste, representa a más de una fémina y está presente en muchos ámbitos de nuestras vidas…más allá de la lejana tierra de Oz.

No es necesario que una mujer tenga la piel verde, siempre lleve consigo una escoba y le encanten los sombreros. Las personas que lanzan dardos venenosos de envidia pueden ser reconocidas por cómo miran a una, por cómo se incomodan ante ciertas presencias, por sus comentarios punzantes y en peores casos, por cómo accionan para hacer daño.

En estas páginas, te invitamos a auto examinarte. Es hora de que hagamos las paces entre mujeres y mantener la envidia, este sentimiento que lo han bautizado como característico del género femenino, ¡a raya!       

¿Qué es la envidia?

Cristina Rubín de Celis E., psicóloga de Psicoconsulting y docente de la Universidad Mayor de San Simón, explica a M de Mujer que desde muchos puntos de vista a nivel mundial y desde épocas antiguas, la envidia es considerada como un sentimiento negativo que conlleva impulsos agresivos destructivos y autodestructivos al establecer comparaciones de posesiones con los otros, todo ello muestra las carencias emocionales. “La envidia daña la capacidad de gozar o disfrutar la vida”, agrega.

¿Y cuáles son las consecuencias de sentir frecuentemente envidia? Rubín de Celis explica que este sentimiento deriva en rabia, frustración, amargura, energía negativa e impulsividad agresiva. “Sentirla en gran magnitud genera psicosomatizaciones y conductas delincuenciales”, especifica.

La especialista aclara que comúnmente se habla de la envidia “buena” y envidia “mala”. La envidia “buena” es la que genera sentimientos de autocomparación y autocompasión que muchas veces puede llegar a ser un motivante de progreso.

Pero, en realidad solo existe una que es la patológica que es la envidia “mala”. Rubín de Celis especifica que es la que genera sentimientos negativos autodestructivos y autosaboteadores, que incluso toman forma en verbalizaciones, maneras de comunicarse física y verbalmente, destruye amistades y causa limitaciones a grupos sociales. “Estos se convierten en crónicos cuando ocasionan daño a personas de su alrededor (hurtos) y cuando se convierte en una forma de vida el buscar obsesivamente comparaciones. El envidioso moderado siente desprecio por sí mismo. Sin embargo, el envidioso patológico desprecia a los demás”, añade.

¿Cosa de mujeres?

Las mujeres tenemos fama de ser el género envidioso por excelencia, ¿hasta qué punto es esto cierto? La psicóloga afirma que la mayoría sí son envidiosas. “Es ´normal`, ya que nosotras las mujeres tendemos a compararnos por competencia, ya sea de belleza, aceptación o aprobación”.

Aclara que, en realidad, en cada persona, la intensidad de la envidia estará presente en proporción a sus sensaciones reprimidas de la insignificancia e impotencia cuando se fue niño. A continuación, te presentamos un manual práctico para que identifiques si eres una mujer que sufre problemas de envidia.

 

¿CÓMO RECONOZCO SI TENGO PROBLEMAS DE ENVIDIA?

Rubín de Celis explica que la mujer envidiosa frecuentemente piensa que lo que la otra tiene es mejor, aunque muchas veces no sea algo digno de ser envidiable, pero, solo ve el objeto de su deseo y que puede ser cualquier cosa, desde las más comunes: belleza, bienes (ropa, accesorios, zapatos), dinero, inteligencia, dotes artísticas, gracia al hablar, capacidad para hacer amistades, la pareja que tiene, etc.  “La envidiosa tiene conciencia de sus carencias emocionales que están ligadas estrechamente a su baja autoestima. ´Dime qué envidias y te diré de qué careces`”, resalta.  La experta indica que la persona con envidia suele utilizar una curiosa “racionalización” para mantener su estado de envidia: argumenta que en su vida ha tenido “mala suerte” y que la envidiada, por el contrario, ha sido beneficiada por la “buena suerte”. Por ejemplo, suele tener este pensamiento: “ella tiene todo porque sus papás son ricos, en cambio yo no, porque trabajo para tener lo que tengo. A mí nadie me ayuda, a ella todos. Ese chico está con ella por su dinero, si yo tuviera dinero como ella, él estaría conmigo”.

La envidiosa es (según el perfil psicológico del envidioso):

• Insegura al no saber por qué otras tienen lo que ella no tiene. Tiende a decir frases hirientes para hacer daño, para bajar el autoestima a la otra persona.

• Suele hablar  mal de la persona a la que envidia.

• Tiene complejo de culpa e inferioridad (que se expresa como complejo de superioridad “yo soy mejor…por qué ella y no yo que soy mejor”).

• Propensa a padecer estrés, ansiedad, rabia, llantos, debido a su idea competitiva de la vida y no lograr sus objetivos a tiempo (alcanzar lo que la otra tiene).

• Su discurso es repetitivo y compulsivo respecto de lo que envidia y de con quién compite.  La insatisfacción, la frustración y la rabia, la dominan y hacen que su vida le resulte poco grata.

• Tiene miedo perder lo que ha alcanzado haciéndola “celosa” de sus pertenencias (pareja, bienes, trabajo, posición social)

• Ese miedo también la limita a hacer amistades.

• Pensamientos de robo.

• Es una persona rencorosa, susceptible, sarcástica e hiriente.

• Cuando alguien le dice envidiosa, da explicaciones del porqué no lo es (negación), cuando en realidad demuestra que sí siente envidia.

 

¿QUÉ PUEDO HACER AL RESPECTO?

Una vez que se realiza un análisis introspectivo de estas conductas, reconocer conscientemente y aceptar que nos están afectando, lo mejor es acudir a un especialista para tratar a tiempo estas conductas y que este comportamiento no se convierta en un comportamiento familiar, ya que se ha visto en estudios que la envidia se transmite de generación en generación, aconseja Rubín de Celis.

Al acudir a un especialista, se debe reflexionar sobre la razón por la cual no hemos alcanzado ese deseo que envidiamos en particular y por último, identificar los recursos que necesitamos para obtenerlo. Ser empáticas y enfocarnos en nuestro éxito personal. También es importante hacer un análisis F.O.D.A (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas); respecto de las amenazas que nos impulsen a este sentimiento negativo, podría ser el rodearnos de personas que solo presumen, si es así, lo mejor es alejarnos, ya que ellos también tienen un problema de autoestima. La psicóloga también recomienda mejorar nuestra autoconfianza, ser solidarias con los que necesitan y ser positivas.

 

CUANDO UNA ES EL BLANCO DE LA ENVIDIA DE OTRAS

La especialista señala que la mujer que es constantemente blanco de envidia generalmente lo es por sus atributos destacables y logros excepcionales. Estos son demostrables por manifestaciones de “alardeos”, lo que publicamos en redes sociales mostrando lo felices que somos, las posesiones, viajes y lo que tenemos. “La mejor manera de reaccionar a comentarios ofensivos o poco gratos es agradecer y tomar una postura asertiva, ponerse en el lugar del otro y agradecer su comentario, su gentileza de manera diplomática”, resalta Rubín de Celis.

 

ALGUNOS ESTUDIOS

• Un estudio del catedrático del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, Antonio Cabrales, publicada en “SERIEs”, la revista de la Asociación Española de Economía, ha tratado de descubrir el origen evolutivo de la envidia y probar de forma teórica los posibles efectos de la misma en las empresas.

La investigación plantea la envidia como resultado de una competición por unos recursos limitados. Lo que se demuestra en el artículo es que hay poderosas razones evolutivas para que seamos envidiosos y, por tanto, “que la llevamos codificada en los genes”, afirma el profesor Cabrales.

Según esta hipótesis, la envidia puede tener su origen en el hecho de que los recursos que se obtienen en el trabajo, por ejemplo, se utilicen después en algún tipo de conflicto interpersonal, como a la hora de obtener la mejor pareja o la dominancia en el rebaño. En estos casos, es importante haber acumulado más recursos que el contrario, de manera que la victoria no solo dependería de tener mucho, sino de tener más que otra persona.

Una de las conclusiones que se extraen del estudio es que hay muchos fenómenos del mercado de trabajo que son más fáciles de entender una vez que se tiene en cuenta la envidia. Por ejemplo, debido a las promociones internas o los abanicos salariales, los trabajadores están más comprimidos en las empresas de lo que se esperaría si simplemente se considerara la productividad de los individuos.

• Un estudio publicado en la revista “Basic and Applied Social Psychology” concluye que el sentimiento de la envidia, aunque puede manifestarse en cualquier momento, tiene una relación con la edad, de forma que es más frecuente en los más jóvenes, especialmente en los menores de 30 años.

Con la edad, la envidia se va a atenuando. Eso sí, no en todas las áreas: si bien se envidian menos el éxito académico, social o el aspecto físico, se tiende a envidiar más el dinero.

Además, encontraron que la envidia no depende del sexo: los hombres y las mujeres son igual de envidiosos ante los éxitos de los demás.

Las investigadoras han llegado a tal conclusión en el transcurso de un estudio del que participaron 900 personas de entre 18 y 80 años. Se les preguntó si habían tenido envidia de alguien y si la siguen teniendo actualmente.

Con datos de Muy Interesante y Qué!

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