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Domingo, 23 de agosto de 2009
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Staff

Editor: Martín Zelaya Sánchez
Diseño: Gary A.
Valenzuela
Preprensa: Marco
Aguilar

Colaboradores en este número:
Maximiliano Barrientos / Rosalba Guzmán / Jaime Nisttahuz / Manuel Vargas / Ramón Rocha Monroy / Cleverth Cárdenas / Nicolás García Recoaro /
Luis Zavala /

Fondo Negro: es el
título de un poema
del poeta francés
Eugene Guillevic

marzelsan@yahoo.com

Crónicas selenitas, el alunizaje según Mailer

Por:Nicolás García Recoaro *
Neil Armstrong junto a la bandera estadounidense

A los 40 años de la llegada del hombre a la Luna, la aparición del monumental libro MoonFire: The Epic Journey of Apollo 11 rescata la cobertura que Norman Mailer hizo del alunizaje para la revista Life

El 20 de julio de 1969, pocas horas después de que el pequeño módulo Eagle lograra alunizar con éxito, Neil Armstrong y Buzz Aldrin realizaron la primera moon walking de la historia y decretaron el triunfo definitivo de los Estados Unidos en la frenética carrera espacial que disputaba con la Unión Soviética.

Más de una década de pruebas y entrenamiento con cerca de 50 misiones fracasadas, un equipo de 400.000 ingenieros y científicos, un presupuesto insaciable de 24.000 millones de dólares y el cohete más potente jamás lanzado por el hombre sellaban la carrera espacial. El banquete selenita estaba servido y una audiencia de millones de seres humanos la devoraron en las coberturas que llevaron adelante las cadenas de televisión, las radios y la prensa escrita.

Para la ocasión, la revista Life contrató la pluma ácida de Norman Mailer como cronista exclusivo. El resultado de aquella estadía de Mailer en las bases de Houston y Cabo Kennedy parió una monumental pieza de non fiction que, aumentada y corregida, apareció como libro en 1970, con el título de Un fuego en la Luna.

“Por aquellos años, Mailer ya tenía bien en claro que los libros no se escribían solos. Las historias no aparecían rendidas a sus pies. Y entonces sucedió lo del llamado de la revista Life. No era sólo la buena paga, sino que también se trataba de la historia del siglo XX. La batalla más caliente de la Guerra Fría.

Tendría que ser la obra de no ficción más potente y extensa que la revista hubiera publicado —sólo a Hemingway se le había dado tanto espacio con la publicación de su novela El viejo y el mar—. El único problema era que Mailer no estaba invitado a realizar el viaje dentro de la nave espacial”, cuenta el escritor y periodista Colum McCann en el prólogo de MoonFire: The Epic Journey of Apollo 11, el monumental libro que reúne fragmentos de las crónicas de Mailer, ilustrados con cientos de fotos, mapas y archivos inéditos de la NASA, que documentan el devenir de la misión Apolo 11, y construyen un fresco cardinal de aquella edad de oro de la conquista del espacio.

En la Luna de Mailer

Norman Mailer estuvo ahí. Los años dorados de Kennedy, la revolución cubana, la marcha sobre el Pentágono y el sitio de Chicago. El autor de Los ejércitos de la noche decía que “era como si la temperatura de Estados Unidos subiera cada mes”. No se equivocaba, y el mercurio del termómetro no dejaba de subir para finales de la década del 60.

Caluroso verano del 69, Cabo Kennedy, 10.32 a.m. Comienza la misión AS-506 (Apolo 11) y el cohete Saturno V parte con tres astronautas desde la plataforma LC 39A, del complejo ubicado en el estado de Florida. La semana más grande desde el nacimiento de Jesucristo ha comenzado y el cronista Aquarious —así se hace llamar Mailer en las crónicas— transpira y toma apuntes frente a una pantalla que muestra el milagro televisado.

“Mailer deseaba más que ninguna otra persona estar a bordo del Apolo 11, dentro de aquella maldita nave: bien liviano y flotando por el aire”, especula McCann. Las crónicas rescatadas en MoonFire pueden ser leídas como un diario de dos viajes que suceden en paralelo: el viaje al espacio exterior del Apolo 11 y el viaje al espacio interior del propio Mailer.

Con un equipaje de vuelo cargado con sus fracasos matrimoniales, el fantasma del suicidio de Hemingway, sus conocimientos en física y matemática tras cuatro años de formación en Ingeniería Aeronáutica en Harvard, sus experiencias con la marihuana, los excesos con el trago y su desastrosa candidatura a la Alcaldía de Nueva York, Mailer suelta amarras y decide embarcarse en un trip que terminará de sentar las bases del nuevo periodismo. El resultado fue una apuesta demasiado explosiva como para poder ser contenida por las almidonadas páginas de la revista Life.

Entre la crónica y la metafísica, entre la ciencia ficción y el análisis psicológico. Con su facilidad genética para volver real el presente, Mailer narra el viaje del Apolo 11 desde varias perspectivas que resultan —en retrospectiva— pasmosamente proféticas. Reflexiona: “Durante estos primeros minutos, cada revelación iba a ser un milagro. Habría sido más extraordinario oír que la Luna no acusaba los pasos en forma de huella en su fino polvo, o que el polvo era fosforescente, pero también era milagroso que la reacción del polvo lunar fuese igual a la del polvo terráqueo. Ya había, pues, respuesta a una pregunta”.

Y más allá de sus loas hacia los estoicos astronautas y los sapientes ingenieros, Mailer siente que la tecnología terminará destruyendo al halo mágico que cobija el programa espacial; critica a las grandes corporaciones y llega a comparar al programa de la NASA con el nazismo cuando sentencia que quizás “el hombre viajaba a otros planetas no para encontrar a Dios, sino para destruirse a sí mismo”.

Un pequeño paso

Neil Armstrong desciende por una pequeña escalera con su traje de Michelin a prueba de descompresiones y da el famoso primer paso. Cuarenta años después, cuando aquel paso enorme para la humanidad quedó sólo como un pequeño paso para el hombre, el gran legado del programa Apolo se derrama en miles de imágenes inmortales, que tatuaron a fuego la memoria colectiva de la humanidad.

Al recorrer las fotografías, ilustraciones, documentación y apuntes de los archivos de la NASA recuperados en MoonFire es posible sentir la adrenalina, la claustrofobia, el hastío y la euforia descrita en las crónicas que Mailer dedicó al viaje.

Las instantáneas de la soledad absoluta de Armstrong, la difusa huella de Aldrin y la banderita acartonada clavada en la superficie lunar se mezclan con las imágenes del frenético trabajo de anónimos ingenieros, las tapas de las revistas que muestran las postales caseras de las familias de los astronautas y el estallido congelado de la multitud que recibe a los héroes espaciales en las calles de Washington y Nueva York.

Memorias fotográficas de aquella edad de oro de las misiones Apolo, que después de los desfiles victoriosos y los embriagadores festejos nacionalistas de la sociedad norteamericana dejaron a la Luna en el más triste de los olvidos. La angustia del cosmos también comenzaba a abatir a los terrícolas durante aquel verano del 69: la lenta agonía de Vietnam, el espejismo de Woodstock y la derrota definitiva de las contraculturas. Norteamérica, aquella lejana tierra de la libertad, entraba en una oscuridad parecida a la de un eclipse solar.

En el final del prólogo de MoonFire, McCann explica: “Mailer descubrió, al igual que Ginsberg, cómo las mentes más brillantes de su generación habían sido destruidas. Y su terror inconfesable era que esa generación había desperdiciado su belleza. Se habían dejado encerrar por las fanfarrias de la Corporación Americana.

Y así nacía el espíritu del predominio americano, que seguiría en el poder por más de 40 años. La historia terminó corroborando las sospechas de Mailer. El optimismo del baby boom, los sueños truncos de la Era Clinton y, quizás, el final de esos tiempos: la salvaje indiferencia de los años Bush. Mailer vio venir todo esto a principios de la década del 70. Vio la Luna y descubrió su lado oscuro”.

* Escritor argentino

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