El narrador efectúa un repaso de la obra del cantautor Vadik Barrón, “injustamente —dice— marginado de un sitial de privilegio en la cancionística nacional”
A principios de 2008, Vadik Barrón, en este mismo suplemento, publicó una lista comentada de los cincuenta mejores discos que, a su criterio, se habían producido en 2007.
Por ética, Vadik omitió aquella vez incluir su propio material en este top 50. Éticamente, me parece razonable; sin embargo, dado que la lista también servía para orientar al público sobre algunas propuestas musicales que deberían ser tomadas en cuenta, creo que nos privó de un dato valioso: Astronauta, su primer disco como solista.
En casa tengo muchos libros que nunca he abierto —y probablemente nunca lo haga—, porque gran parte de mi tiempo lo dedico a la relectura de los pocos que sí leí. Algo similar me ocurre con los discos; suelo engolosinarme con un álbum y escucharlo una y otra vez, durante meses, hasta que aparece otro capaz de captar mi atención y, sobre todo, mi sensibilidad.
Así, los primeros días de este año recién escuché Astronauta —antes sólo lo había oído— y hasta hoy lo sigo haciendo. Es que se trata de un disco excepcional, compuesto por un grupo heterogéneo de canciones, cuyos ritmos van desde los del folklore nacional, pasando por la zamba, bossa-nova, jazz, funk, hasta, obviamente, el rock and roll. En otras palabras, no es un álbum monótono que pueda cansar al melómano después de un par de reproducciones.
Si bien todas las canciones tienen su encanto, destaco La sorateña —una zamba que cuenta con la participación del “Papirri”—, Velo de aire —rockerísima, con el aporte del siempre admirable Gonzalo Gómez— y Cantautor.
En esta última, Vadik ironiza sobre el adjetivo que da título a la canción, diciendo: “Si fuese un cantautor de prosa consumada, de verso elocuente y rima bien cuidada… Yo sólo rimo flores con amores, niebla-tiniebla, beso y hueso, y pare de contar. No soy un cantautor, ¡qué va!, ni en broma, pero a veces se asoman las ganas de cantar. Entonces abro muros y ventanas, secuestro a la mañana, la poso en tu portal”.
Me pareció que Astronauta era de esos discos “estrella”, que el autor nunca más podría igualar ni, mucho menos, superar. Sólo con el fin de constatar mi percepción —lo digo honestamente—, comencé a escuchar Minimalia —segunda producción como solista de Vadik— y lo único que constaté es que estaba equivocado.
Minimalia es, si no superior, al menos igual que su predecesor. Tal vez mi prejuicio se debió a la presentación: embolsado como DVD pirata, el disco parece haber sido hecho para Alasita (las copias están grabadas en formato mini-CD). Pero claro, título, presentación y contenido, en conjunto, son otra humorada del autor, pues, irónicamente, Minimalia no tiene nada de minimal.
En realidad se trata de un material multimedia que, al ser reproducido en computadora, permite acceder no sólo a las canciones, sino a sus letras, como también a fotografías, videos, poemas y textos, remitiéndonos a otra de las facetas de Vadik (recordemos que acaba de obtener una mención en el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal).
En este disco, nuevamente se presentan ritmos y géneros variados, con letras bien trabajadas que, pese a ser —la mayoría— intimistas, expresan cuestiones universales (amor, desamor, esperanza, nostalgia… My space).
Además, en ellas se hace evidente la relación del autor con la música o, mejor dicho, con la creación de ésta; por ejemplo: Primer día (…inventé nuevas melodías, recordé lo que era alegría… mientras haya acordes, me abraces, yo cante, seremos eternos), Nuestro abrazo (…deja que mi guitarra vuele a través del viento… tocaremos una canción a cuatro manos; cantaremos una canción a cuatro labios) o Cleptomanía (…luna que baja bañándose al río, luna blanca de canciones).
Como en Astronauta, en este disco también tengo mis preferidas: My space, que es una humorística visión sobre las relaciones “virtuales” (…yo quiero ser tu amigo en My space… y juego al Narc y al God of war mientras te pueda encontrar, yo sólo quiero que aceptes mi “add”), y Los lunes, que es la canción más adictivamente triste —si vale la expresión— que he escuchado en mi vida (…y no me saludes, y pasa de largo como estos diez años que son como nubes… Los lunes, no faltes, eso sí, que yo te espero aquí como a las cuatro. Perfume y manos de mujer, no siempre serás tú, pero algo es algo).
No es mi intención dármelas de crítico musical —considerando, además, que en mi caso se cumple aquello que Borges dijera hace años en una entrevista: “La música es una expresión tan perfecta, que analizarla en palabras implica empobrecerla”—, pero considero que es justo remediar la injusta —aunque ética— omisión que el mismo Vadik hizo en su top 50.
Astronauta y Minimalia, en mi criterio, merecen engrosar esa lista y, sobre todo, ser disfrutados por el público.
*Escritor paceño
Escaparate
Una antología celebra aniversario 120 de Alfonso Reyes
Con la participación del escritor mexicano Vicente Quirarte, la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de México inició esta semana las actividades conmemorativas por los 120 años del nacimiento y 50 de muerte del polígrafo mexicano Alfonso Reyes (1889-1959).
Quirarte, en el acto inaugural, el martes, expresó su beneplácito y destacó la vida y obra del autor regiomontano, a partir de una antología dirigida por Carlos Fuentes titulada Colección Capilla Alfonsina, en la que participan plumas de la talla de Carlos Monsiváis, Julio Ortega, David Brading, Gonzalo Celorio, Margo Glantz y José Emilio Pacheco.
Quirarte, uno de los prolíficos ensayistas de la literatura mexicana, compartió y adelantó fragmentos de Literatura española, obra que forma parte de la citada antología que en breve saldrá a la luz. Esta obra, dijo, recupera la voz secreta de Alfonso Reyes, a partir de una mirada previa a los textos del autor, así como un análisis profundo en relación con la temática abordada.
Recordó que en 1959, Reyes escribió para la Secretaría de Educación Pública (SEP) un ensayo titulado Llanamente. Nuestra Lengua, en el que la propia dependencia expresa su agradecimiento al escritor por el patriótico deseo de contribuir a la educación nacional.
En ese texto, recordó, el escritor expone, con claridad y cortesía, el origen y la evolución y el estado actual del medio que utilizamos para comunicarnos tanto en la vida cotidiana como en la expresión artística. Indicó que Reyes fue un gran conocedor de la lengua española, pues fue un hombre “nutrido” por sus hablantes.
“Es un libro —sostuvo— que a pesar de su margen generoso en 39 páginas, fulgura el ingenio, la armonía, originalidad y el descubrimiento; virtudes que tuvo Reyes”.
Alfonso Reyes, aseveró, puede ser leído como un “homenaje personal a la herramienta que utilizó con gran devoción, lealtad y maestría, y que llevó a Jorge Luis Borges a afirmar que nadie en su tiempo manejaba el español como él”.