A veces dan ganas de escuchar canciones que transportan a lugares y a momentos importantes o simplemente a momentos. De ésos de los que está hecha la vida, los que modelan y los que marcan. Esos momentos de los que uno se arrepiente, por haber hecho algo o por no haberlo hecho. Las canciones, algunas, nos devuelven alegrías o dolores, las buenas canciones son heridas abiertas y también renacimientos.
Pasa esto con las canciones que supo elegir el grupo Savia Nueva. A decir verdad, el dúo que fue luego trío y así se mantuvo hasta el día en que decidieron hacer un alto en el camino. Hasta ese día su tarea fue cumplida.
Tiene que haber determinadas condiciones para que ocurran ciertos encuentros. Las condiciones pueden pasar desde el clima hasta una convulsión social. Pueden pasar las alas de una mariposa batiéndose en Indonesia o puede haber llovido tenazmente en el bosque húmedo de Guatemala. Y así, entre medio, haberse juntado las voces de Jaime Junaro y Carlos López para cantar canciones bien construidas cuyo resultado se parece al concepto abstracto de belleza. Y apareció el disco negro y la paloma.
Después y como parte de los acontecimientos se unió al dúo César Junaro. No se sabrá nunca si pudo haber alguien más o alguien mejor o peor. Tenía que ser él, tenía que sumarse al dúo un impulso creador y una mano con recursos técnicos, el tercero incluido.
Desde entonces fue Savia Nueva un puerto al que los oídos de una generación entera, en Bolivia y otros lados, como Ecuador, irían a llegar, para quedarse.
La memoria es algo que no se quita fácil, no sale con ningún detergente conocido y nos hace, nos sitúa, nos gobierna y nos protege. Ahí, en un lugar sin lugar, están las canciones que Savia Nueva solía interpretar. Es cuestión de un interruptor desconocido para que se reconstruya en la mente una niña de Guatemala o una paloma o unas hermosas coplas de la Pascua.
Y viene el acto reflexivo mientras suena una canción de Savia Nueva. Creo que no hay compromiso político más honesto, en el caso del quehacer musical, que el compromiso con el lenguaje y una vida que le corresponda, unas vidas.
* Músico y compositor
Savia Nueva, en el camino del retorno
Germán Araúz Crespo
Uno de mis destinos habituales en mis revisiones musicales son las reediciones de discos grabados por Savia Nueva en los años 70. Será porque la frescura de aquellas piezas grabadas hace ya más de 30 años aún siguen intactas, quiero decir, se las escucha tan frescas como la primera vez. No hay en ellas ningún olor a moho. Entonces uno concluye que aquello es justamente el sueño de toda obra de arte: vencer al tiempo.
Aún tengo fresca en la memoria la noche que los escuché por primera vez. En 1976 un amigo me propuso escucharlos en lo que tal vez era su primer recital público. Se presentaban en la Casa de la Cultura y era un dúo conformado por Jaime Junaro y Carlos López. Inmediatamente emparenté el estilo con aquella canción que —pese a las dictaduras— aún sobrevivía en América Latina, tal vez más por su carácter testimonial que de protesta. Sí, esa canción con raíces folklóricas aunque un tanto alejada del costumbrismo. Claro, también estaba la cuidadosa armonización de dos voces extraordinarias.
Después se sumó al grupo César Junaro. Supongo que antes él ya estaba presente, un músico de su capacidad no podía estar ajeno a un proyecto de esa laya. Sin embargo, tuvieron que pasar varios meses para que se animara a aparecer en el escenario. Su presencia, claro, le dio mayor solidez al grupo. Para entonces su primer disco ya circulaba y había producido cierta conmoción en el medio. En su repertorio convivían los diversos acentos del continente: desde el huayno peruano al joropo venezolano; desde Violeta Parra hasta coplas chapacas recuperadas. También canciones propias que hoy son el sello del grupo.
Fueron pocos años de recorrido, lo que no impidió que en el camino quedaran profundas huellas de su paso. De aquel trabajo quedaron tres discos que —ya lo dije— aún mantienen admirable vigencia. Hubo algún intento de retomar aquel trabajo, para ello Jaime Junaro encontró el apoyo de Willy Claure y Yalo Cuéllar. El proyecto abortó no bien había comenzado a gestarse, aunque de ello quedó un disco con el que no pasó nada.
Pero aquel espacio dejado por Savia Nueva no pudo ser cubierto y, pese a los años, es una ausencia que parece calar hondo. Sí, la canción que el grupo hacía sigue vigente y el rigor profesional con que ellos la encaraban era excepcional. Por ello celebramos que Jaime y César Junaro hubieran decidido recuperar el proyecto, tarea realmente titánica pues implica construir sobre un edificio que se supone suficiente. Pero ahora ellos tienen el apoyo de David Portillo, un músico excepcional cuya capacidad natural supo cultivar con una rígida formación, ergo, con ese equipo es justo suponer que la savia seguirá manando.
* Periodista