Para el escritor colombiano, quien estuvo hace poco casi de incógnito en La Paz, Europa es la gran creadora de muchas de las virtudes del mundo, pero éstas tienen incorporadas el germen de los males que pueden destruirlo.
William Ospina habla con una voz suave, de tonos graves. Casi no sonríe y parece introvertido.
Tiene una barba muy bien recortada y lentes gruesos que le dan un aire un poco atemorizante. Sin embargo, hila sus anécdotas, ideas y propuestas de una manera tan amena y erudita que cautiva la atención del público casi inmediatamente después de empezar a hablar. Matiza sus ideas recitando de memoria largos versos, a veces en latín, a veces en francés, alguna vez en español. Escribió un poema célebre, en el que se imaginó al primer mongol que pasó el Estrecho de Behring hace 30.000 años. Es el escritor colombiano, excepto García Márquez, que más libros vende en la actualidad.
Este novelista, poeta y ensayista estuvo en Bolivia la semana pasada; fue invitado por la Fundación Boliviana de Democracia Multipartidaria. Él logró hacer una escala de dos días en La Paz y Santa Cruz, en el marco de su apretada gira que lo lleva por varios países latinoamericanos para presentar su segunda novela, El país de la canela.
En ambas ciudades habló de interculturalidad y mestizaje, pero desde una perspectiva cultural y artística, no desde la política, como usualmente lo hacemos en Bolivia. Por eso fueron tan refrescantes sus ideas y proposiciones.
Entre varios de los asuntos que trató el escritor resaltó el de los insuficientes saberes de occidente para salvar al mundo. Sí, dijo Ospina, el mundo está en peligro, y ello no es poco. “Todo lo que conocemos hasta ahora puede ingresar en una fase de destrucción debido a su grave fragilidad”, dijo, y ello se debe a un modelo de desarrollo y de actuación de la cultura occidental. Las fuerzas productivas, las fuerzas transformadoras que la sociedad europea descubrió han logrado una revolución espasmosa en el campo de las comunicaciones, del transporte, del confort”.
“Al mismo tiempo, todos somos conscientes de que al lado de todos esos progresos del sentimiento occidental han surgido con la misma intensidad los grandes peligros del mundo occidental, de la razón occidental, del racionalismo, del industrialismo, que es convertir a la naturaleza sólo en una bodega de recursos. La pérdida del sentido sagrado de la naturaleza, la pérdida del sentido de armonía del mundo humano con el mundo natural”.
Para el escritor, Europa es la gran creadora de muchas de las virtudes del mundo, pero esas virtudes tienen incorporadas el germen de los males que pueden destruir al mundo.
“Hay quienes sospechan que la frase que gritó Nietzsche, a finales del siglo XIX, puede cumplirse. Éste al ver las grandes virtudes, las grandes conquistas, los grandes avances del espíritu europeo le dijo a Europa ‘perecerás por tus virtudes’”.
Por eso es que Ospina plantea que los saberes de occidente no son suficientes para salvar al mundo, ni para darle “felicidad” a la mayoría de la población.
“Un poco de paganismo”
Explicó que el irrespeto por la naturaleza hace que una sola especie ponga en riesgo a todas las demás.
“Es verdad que muchos de los saberes de Occidente no bastan para conjurar los peligros, las amenazas de la modernidad. Por eso, el volver nuestros ojos sobre la memoria histórica es volver los ojos sobre otras culturas y otras tradiciones distintas de la occidental. Hace 50 años podía ser una necesidad de antropólogos, pero hoy es una necesidad humana, porque hubo muchas culturas en la historia, la mayor parte de ellas, capaces de conservar el mundo, de dialogar con él, de construir mitos y mundos estéticos, maravillosos, de armonía con la naturaleza”.
En ese sentido, el autor cree que “un poco de paganismo” y “un tanto de fetichismo”, con respecto a la naturaleza, le hacen bien a la especie humana. “La sociedad europea, la sociedad occidental, la que tantas conquistas ha logrado y que tantas virtudes tiene, ha sido la menos respetuosa de la naturaleza, a tal punto que tenemos un planeta en peligro”.
O sea que un solo grupo cultural ha puesto en peligro un mundo que le pertenece (¿le pertenecía?) a infinidad de culturas.
Ospina propuso que en las décadas que siguen tenemos que estar conscientes de que no basta lo que la ciencia sabe, que no nos basta lo que la tecnología transforma, que no nos basta lo que la industria provee y que es necesaria una “espiritualidad nueva”, que ofrezca una mirada nueva sobre el mundo para salvarlo.
“Allí es donde nuestra América, específicamente Bolivia, tiene tanto que dar, tanto que aportar, tanto que poner a disposición del mundo”.
* Periodista paceño
La trayectoria del autor
Según Gabriel García Márquez, William Ospina es el escritor colombiano más importante de la actualidad. Este poeta, ensayista y novelista nació en 1954.
Ursúa, su primera novela, publicada en 2005, es un testimonio dramático de la colonización española de América a través la vida de Pedro de Ursúa, fundador de la ciudad colombiana de Pamplona. Este año publicó El país de la canela, que continúa su saga novelesca sobre la conquista española, esta vez sobre la expedición que descubrió y recorrió por primera vez el río Amazonas. Antes escribió varios libros de ensayos, entre los que están Es tarde para el hombre (1994), Esos extraños prófugos de occidente (1994), Los dones y los méritos (1995) y Los nuevos centros de la esfera (2001).
Ha publicado también varios textos de poesía, como Hilo de arena (1986), La luna del dragón (1992), El país del viento (1992) y ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua? (1995).
El mongol *
Nunca supimos cuándo la desesperante blancura se/
había convertido en otro imperio./
El idioma del lobo era el mismo, y no le repugnó nuestra/
carne;/
Pero todo hombre sabe que a través de cada nuevo pinar/
es Otro el que envía sus rayos./
Que son las angustias de la tierra las que determinan
los nombres del cielo./
¿Descubridor de un mundo? Un fugitivo perseguido
por las uñas del viento,/
amoratado por el odio del sol, escribiendo blancas/
palabras en el aire translúcido,/
luchando sólo por evitar que la blanda tierra bajo mis pies/
se enardeciera en tumba./
Muerte es el nombre azul del amanecer, allá donde/
los días flotan con muros de cuarzo,/
muerte es el nombre de los dientes amarillos del lobo,/
muerte es el nombre de la luna salpicada de escarcha/
y de sangre/
cuando el guerrero cae a medianoche sobre la sorda estepa./
Hasta el amor cerca del fuego tenía un olor de frescas/
entrañas de morsa,/
y el niño recién nacido bajo el cielo de pieles tenía olor/
de pez,/
y en la tarde teñida de salmones veíamos aparecer/
los miles de ojos de coyotes del cielo./
* El mongol es un poema de Ospina que imagina las impresiones del primer hombre que llegó a América por el Estrecho de Behring.