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Elizabeth Arrázola

¿Por qué tarda tanto en aplicarse la educación virtual en Bolivia?

La crisis sanitaria, según datos de la Unesco, ha obligado a casi 1.500 millones de alumnos; es decir, el 90 por ciento de la población escolar del mundo, a no asistir a la escuela. En un abrir y cerrar de ojos, los centros de enseñanza han tenido que adaptarse al aprendizaje a distancia, lo que ha forzado a todos los gobiernos a imaginar otros métodos pedagógicos y didácticos alternativos y a aplicar la educación virtual.

También inquietan sus consecuencias sobre la salud mental de los alumnos, que se han visto privados de los contactos y los hábitos de la escuela. Incluso los miembros de las generaciones Z (nacidos entre 1996 y 2015) y Alpha (nacidos a partir de 2015), que están saturados de tecnología, tienen una necesidad esencial de contacto social y experiencias físicas, lejos de sus aparatos. 

En ese contexto, los pedagogos Juan Carlos Pimentel y María Luz Mardecich, el filósofo Alberto Libera y la profesora Carmen Barrientos, cada uno desde su experiencia, responden a la pregunta ¿por qué tarda tanto en aplicarse la educación virtual en Bolivia, pese a que ya se ha aprobado un decreto para garantizar la educación, que es un derecho establecido en la Constitución Política del Estado, en esta pandemia.

De hecho, el desafío de los docentes de primaria, secundaria y universidad antes de la pandemia, de superar el dictado y de copia, como estrategias de enseñanza o la resolución de interminables ejercicios descontextualizados y notoria ausencia de resolución de problemas para aprender matemáticas o de la memorización de normas gramaticales en vez de apuntar a obtener competencias comunicativas, ha quedado muy lejos. Si antes debíamos dar un salto en educación, hoy estamos ante el reto de hacer un salto largo triple.

 

01 Juan Carlos Pimentel 

Pedagogo, exsecretario nacional de educación, exejecutivo de la CTEUB

La educación virtual en Bolivia está naciendo a tropiezos, con ritmos distintos, con errores, en algunos sectores con gran dosis de creatividad y sacrificio, pero en otros, con una inercia suicida y retrógrada, justificando esta postura con argumentos en unos casos ciertos (falta de conectividad, costo, preparación de los docentes para el uso de herramientas virtuales, etc.) y en otros, argumentos absurdos e inaceptables para un gremio que supuestamente es profesional de la educación, como ese de que la educación según preceptos constitucionales es gratuita y como el internet cuesta, es ilegal la educación virtual. Lo peor es que se rechace la educación virtual y otras modalidades de educación propuestas por el Ministerio de Educación y proponga la clausura del año con promoción automática. Es una actitud por demás cómoda e irracional. Habría de preguntar a esos sectores del magisterio, por suerte no todo el magisterio, la prensa dio testimonio que hay maestros que, a pesar de las dificultades ocasionadas por la pandemia, se han dado modos para seguir enseñando, ¿por qué el país tendría que pagar el sueldo durante un año a profesores que no trabajaron?, ¿que no enseñaron?

Es evidente que la puesta en práctica de las distintas modalidades que propone el Ministerio de Educación, entre ellas la virtual, se enfrenta a problemas de distinta naturaleza, pedagógicos, técnicos, económicos y el componente político no está ausente.

Los maestros fueron preparados para hacer educación presencial, el diseño curricular, el plan de estudios, su carga horaria y hasta los libros de textos están orientados a una educación presencial, entonces, cuando se cambia de consiga y se dice ahora educación virtual, se genera caos y se empieza a improvisar, ¿quién estaba preparado y planificó lo que se haría cuando llegó la Covid-19? Es mejor improvisar tratando de que la educación no se detenga a no hacer nada.

La precariedad de la conectividad a internet demostró que nos engañaron, durante años nos hicieron creer que con el satélite Túpac Katari ese servicio sería más barato, llegaría a todos y sería más veloz, nada de eso fue verdad. Los que hoy rechazan la educación virtual, son los que cogobernaron desde el Ministerio de Educación durante 14 años y, por tanto, son cómplices del engaño.

 

02  María Luz Mardesich Pérez

Docente investigadora de la Universidad Católica Boliviana 

En el proceso pedagógico es clave generar condiciones para que los estudiantes aprendan mejor; en esta crisis sanitaria mundial que estamos viviendo hemos caído en cuenta de que en nuestro país tales condiciones no estaban dadas, pues desde la formación de maestros hasta el manejo de las herramientas virtuales por parte de los mismos eran ínfimas para enfrentar la continuidad de un año lectivo regular en todos los niveles de formación. 

Desde el punto de vista pedagógico, a pesar de los esfuerzos realizados por muchas instituciones y muchos docentes para continuar trabajando, el planificar una clase virtual ha supuesto demasiada inversión de tiempo en la mayor parte de los casos, para aprender a utilizar los recursos tecnológicos. A lo cual se ha sumado que no todos los estudiantes cuentan ni con los equipos necesarios ni la conectividad adecuada para responder a las consignas que los maestros les proporcionaron y que se limitaron más a aumentar la información, en desmedro de la parte procedimental y actitudinal que posibiliten el desarrollo integral de capacidades instaladas por parte de los estudiantes para que los mismos apliquen lo aprendido en escenarios reales, en sus propios contextos y que sean verdaderamente significativos. Sin embargo, cabe recalcar que no se trata de que la educación virtual no sea posible en nuestro medio, puesto que, si el docente tiene claridad en su propósito pedagógico, en el desarrollo y la aplicabilidad de lo que el estudiante está aprendiendo no existirán las barreras que le impidan identificar cuáles son las herramientas metodológicas que debe usar en un determinado proceso o con cualquier modalidad de formación. No se trata de conocimiento, se trata de actitud, de claridad, de discernimiento respecto a qué es lo esencial de lo secundario. Se trata sobre todo de lograr que los estudiantes paulatinamente sean autónomos en la construcción de sus aprendizajes, lo cual sería lo ideal. 

¿Y las barreras sociales, económicas y políticas?  He ahí el problema, así como hay familias que cuentan con los recursos necesarios para dar continuidad al proceso pedagógico en forma virtual, una gran mayoría no tiene tales condiciones, por lo cual no se puede volver a las aulas exponiendo a las comunidades educativas a un contagio masivo. Por ello, hace falta pensar en alternativas que permitan alivianar este momento incierto a través de medidas radicales como la implementación de programas de ayuda que beneficien a los estudiantes más carentes con acceso a internet y conectividad gratuita, que mínimamente les permita culminar la presente gestión con relativo éxito, que las políticas educativas no se limiten a resoluciones laxas que no posibilitan una verdadera solución al tema educativo. Pensemos, ¿qué será del futuro de estos estudiantes si no les generamos las condiciones para que aprendan mejor hoy? En estos tiempos, no hay que temerle a la educación virtual, hay que enfrentarla con medidas sólidas, a lo que hay que temerle es a la ignorancia, a la falta de iniciativa y a la poca imaginación para la resolución de problemas que deben ser un referente también para que los estudiantes aprendan. 

 

03  Julio Alberto Libera

Filósofo y asesor pedagógico

En Bolivia, se percibe un notorio incremento de la politización del tema educativo durante la pandemia. No es de extrañarse porque también coincide con el tiempo electoral y con la posibilidad de que se implante una visión distinta en el sistema educativo boliviano, hoy signado por la orientación ideológica de la ley Aveliño Siñani.

Varios factores marcan la conflictividad del escenario educativo boliviano. Citemos algunos:

Grupos de padres de familia de colegios privados que exigen reducciones drásticas en las pensiones, con el argumento de la baja de sus ingresos por la crisis sanitaria.

Propietarios de colegios que piden no poner en peligro la viabilidad de la educación privada, apoyados por sus respectivos docentes que ven en peligro el sustento de sus familias.

El limitado acceso a internet de los estudiantes, especialmente en áreas rurales, a lo que se suma el costo de la conexión.

Dirigentes magisteriles empeñados en resaltar las limitaciones de conexión a internet y que no proponen alternativas de solución prácticas a la crisis educativa. 

Los partidarios del anterior régimen se empeñan en trabar los pocos avances del Ministerio del ramo, ya que su fracaso les significa rédito político.

El Ministerio viene actuando con lentitud en la toma de decisiones y se lo ve poco apoyado por los demás actores del Gobierno.

Ciertos medios de comunicación toman posturas sensacionalistas

Como resultado, especialmente, la educación fiscal es la más perjudicada.

Paralelamente y en forma loable, muchas escuelas de convenio y fiscales vienen trabajando silenciosamente, pese a las limitaciones existentes.

Sin embargo, cientos de miles de niños ya llevan meses sin clases, decenas de miles de maestros del ámbito público ganan sueldo sin trabajar y la desesperación y la frustración anida en muchas familias. Hace falta un pacto por la educación en Bolivia.

 

04  Carmen Barrientos

Profesora de literatura y lenguaje. Maestría en formación docente en la Universidad de Barcelona

La llegada de la Covid-19 a nuestro país ha develado un sinfín de dificultades  en el ámbito educacional. Estamos frente a un nuevo paradigma virtual que nos está invitando, sobre todo a los maestros, a la transformación profesional, con todo lo que implica ser educador. La educación virtual ha trastocado nuestra labor presencial y hay que analizarla desde un caleidoscopio para ver el impacto en las comunidades educativas, pues son muchos los factores que han evidenciado que el área educativa haya permanecido en el rezago tecnológico.

Nuestro sistema educativo, en pleno siglo XXI, todavía está funcionando como en el siglo XIX, por no decir que somos retrógradas. Tantos años de “bonanza”, con una cuantiosa inversión en el Programa de Formación Complementaria para Maestros (Profocom), sólo ha dado como resultado lo que estamos viendo y viviendo: posturas ideológicas extremas sin propuestas ni soluciones, en desmedro de la sociedad boliviana, tan apaleada en todos los aspectos.

Por otra parte, la negación del Gobierno anterior para evaluar los niveles de calidad educativa, no ha permitido validar la aplicación del modelo para identificar los logros y dificultades  y así implementar medidas correctivas oportunas.

Las autoridades educativas, en su momento, sin ninguna visión proyectiva sobre la educación virtual, ¿por qué será?  Si en lugar de tener fe ciega en el Profocom  hubiesen  distribuido computadoras  con el acompañamiento de un programa de alfabetización digital, para ir a la par de la tecnología, todos habríamos estado con una formación,  aunque básica,  para continuar enriqueciendo nuestra formación digital.

Asimismo, la situación económica, en las circunstancias actuales, está asfixiando a la población que ha vivido 14 años de ilusión socioeconómica con un marcado proteccionismo, ahora se está manifestando de la forma más truculenta con repercusiones en la educación. 

La falta de internet, que supuestamente llegaría hasta los más recónditos lugares, está impidiendo el acceso de los estudiantes para continuar su proceso formativo, para ello tendrían que pagar por hora cuando sus familias están luchando por sobrevivir a la pandemia. Seamos coherentes con el principio de educación inclusiva.

En el ámbito educativo, la enseñanza tradicional ha estado centrada en torno al maestro, casi siempre, asignando al estudiante un rol pasivo, conformista,  lo que ha generado que éste desarrolle un pensamiento lineal, con pocas o nulas posibilidades de cuestionar su educación; cuando la actual coyuntura exige una educación virtual totalmente opuesta a la anterior donde el estudiante debe ser el protagonista de su aprendizaje con un rol activo y un pensamiento crítico reflexivo, autónomo, responsable y disciplinado,  cualidades inherentes a la educación virtual.

Es evidente, hoy estamos frente a un modelo educativo emergente para el cual ni maestros ni estudiantes hemos sido preparados. Este cambio paradigmático y pedagógico con el impacto de las TIC se ha convertido en un reto para ambos actores educativos, al que se suma un tercero: los padres de familia.

Los maestros hemos “despertado” cual bella durmiente a una necesidad imperativa de alfabetización digital, ya que la mayoría de los maestros, sino todos, somos inmigrantes digitales y en algunos casos analfabetos digitales frente a nuestros estudiantes nativos digitales porque nacieron con la tecnología. Esta brecha digital es enorme y si no queremos ser anticuados, este es el momento para disminuir la brecha o quedarnos atrás. 

La virtualidad nos ha despertado de ese letargo de “años de bonanza” y ahora no podemos soslayar el potencial que representan las plataformas con sus herramientas y asumir nuevas acciones, y los maestros como agentes de transformación tenemos que trazar lineamientos didáctico pedagógicos acordes con el nuevo orden social que se está gestando a partir de la emergencia sanitaria.

Urge un nuevo modelo educativo, maestros con un nuevo perfil didáctico, pedagógico y ético para una cultura de la virtualidad. Debemos hacer un esfuerzo para involucrarnos con un manejo adecuado de una metodología didáctica, contenidos, estrategias y evaluación, para no cansar a nuestros estudiantes, sino para conquistarlos y contribuir a su formación. Son grandes desafíos, pero con voluntad podemos cambiar.

 

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