Volver a La Prensa
Edición Semanal
 
La Paz - Bolivia
Viernes, 12 de septiembre de 2008
REVISTA
Edición
El ex gobernante busca un “perfil bajo”
El Valijagate, sus efectos políticos en Venezuela
Entre la legalidad y la clandestinidad
Ropa de baño y lencería
Surubí con shitake
Universidad Técnica de Oruro

GALERÍA DE FOTOS
Galeria de Fotos elección de Miss La Paz 2008


CINE-VIDEOS

Entre la legalidad y la clandestinidad

Por:Mirna Echave Mallea
Gróver Cruz y Víctor Hugo Quisbert, de la Asociación de Café-Videos 18 de Agosto de Villa Dolores, en el ingreso de uno de los “cines” de la zona.

En la ciudad de El Alto hay por lo menos medio centenar de los popularmente llamados “api-videos”, “café-videos” y “cine-videos”, que se concentran en las zonas Río Seco, 16 de Julio y Villa Dolores. En La Paz hay unos 20 que se sitúan en los barrios Tembladerani y Gran Poder; en este último se congregan en el denominado “Barrio Chino”

Sentado sobre un banco de madera, Gróver Cruz mira a ambos lados de una calle alteña y no se cansa de lanzar una oferta a cada transeúnte que se acerca: “¡Vea películas enganchadas por un boliviano con cincuenta!”. Es martes, son las 10.20 y pocos se animan a ingresar en las pequeñas salas de un inmueble que tiene la apariencia de un “multicine casero”.

El hombre cuenta que después que fue retirado de la empresa manufacturera donde trabajaba, decidió abrir su “café-video” en la zona de Villa Adela. Le pareció buena idea ya que años atrás había operado en un negocio similar como anunciador, es decir, era el encargado de captar clientes en las vías públicas. Así aprendió cómo funciona el rubro, qué películas le gusta a la gente, los horarios pico, cuánto se puede cobrar…

Actualmente, la Alcaldía de El Alto reconoce como una forma de negocio a los “café- videos”, de los que existe al menos medio centenar en los barrios Río Seco, 16 de Julio y Villa Dolores. La presencia de éstos también se da en la urbe paceña, con la diferencia de que los locales reciben los nombres populares de “cine-videos” y “api-videos” y no tienen autorización edil para su funcionamiento. Hay más de dos decenas asentados sobre todo en las zonas Gran Poder y Tembladerani.

Los sitios se han convertido en uno de los centros de esparcimiento preferidos por familias de bajos recursos económicos en fines de semana; donde aparte de gozar del séptimo arte en sus diversos géneros, pueden degustar comidas y refrescos. Son “cines pequeños”, con televisores con pantallas que superan las 30 pulgadas, y hasta con comodidades adicionales que van desde sillones personales hasta calefacción; aunque también hay problemas: la piratería, la falta de higiene, la difusión de pornografía y la presencia de malentretenidos en los lugares clandestinos. Un mundo de curiosidades.

Los “legales”

Gróver es el secretario de Relaciones de la Asociación de Café-Videos 18 de Agosto de Villa Dolores, que cuenta con 25 afiliados y se precia de ser la única que actúa en el marco de la “legalidad”: sus miembros pagan patentes municipales y tienen un compromiso con la Dirección de Medio Ambiente de la Alcaldía, por el que tienen prohibido: el ingreso de escolares en días y horarios de clases; la venta de alcohol u otros psicotrópicos; la atención a borrachos, vagos o pandilleros; la realización de actos inmorales en sus salas, y la emisión de películas pornográficas.

Los 25 “café-videos” concentrados en este sindicato comienzan a operar desde las 10.00 hasta las 22.00. Horario continuo. No hay feriados. Los filmes en formato VHS o DVD son proyectados con el público que esté presente; así haya sólo una persona, la función no se suspende. Afuera está el anunciador con la cartelera, conformada por las tapas de los materiales grabados. Los salones varían de tamaño, hay los espaciosos que pueden acoger hasta 100 personas o los pequeños, que no albergan más de 30. En algunos hay sillas y en otros, sillones. En algunos hay baños y en otros no hay servicios higiénicos.

El secretario general de la organización, Víctor Hugo Quisbert, comenta: “En la ciudad de El Alto no contamos con cines y por eso trabajamos para que esto sea una distracción, porque los fines de semana vienen familias enteras con sus niños. Es algo sano que no daña a nadie. Un tiempo han hablado mal de los ‘café-videos’, pero no pueden generalizarnos a todos porque nosotros controlamos y hacemos respetar las normas a los socios”.

A las ganancias de las entradas, que generalmente valen 1,50 bolivianos, se suma la venta de comida y refrescos; en los locales hay personal extra para atender los gustos gastronómicos de los clientes, a los cuales, usualmente, se les cancela sueldos mensuales. Por ello, Víctor Hugo afirma que los ingresos del área no son “muy jugosos” porque la mayoría del dinero se destina también al mantenimiento de los equipos electrónicos, la compra de películas, las facturas de la energía eléctrica y el agua potable, y los alquileres: sólo dos de los afiliados a su asociación son dueños de casa.

Pero el rubro igual da lugar a la presencia de la ilegalidad. Cerca de Villa Dolores se encuentra el “Barrio Chino” alteño, las vías que se entremezclan en su interior tienen aceras con mesas y vitrinas que sirven para apoyar carteles con los anuncios de proyección de filmes de artes marciales, terror, acción, drama, infantiles… Algunos “cine-videos” son clandestinos, se nota la falta de higiene y se puede disfrutar entre dos y tres películas por el mismo precio: 1,50 bolivianos. También hay anunciadores que ofertan “en voz baja” material pornográfico a quienes caminan por la zona. Así lo comprobó Domingo. Estos sitios tienen cortinas oscuras en sus puertas.

Víctor Hugo explica que esta oferta es común en los barrios de Río Seco y 16 de Julio, no así en su sindicato, que cumple las normas internas bajo amenaza de sanciones. “Hay que admitir que inclusive aquí en Villa Dolores hay salas que no pertenecen a nuestra entidad, y no sabemos si tienen licencias de funcionamiento de la Alcaldía. Es en estos sitios donde se podrían mostrar videos para adultos”.

El jefe de la Oficina Comunal de Defensa del Consumidor (Ofdeco) del municipio de El Alto, coronel Orlando La Fuente, señala que en más de una ocasión sus agentes efectuaron inspecciones en estos lugares, pero no encontraron nada anormal. “No hemos podido pillar pornografía”. Ante la denuncia de la revista de lo que ocurre en el “Barrio Chino”, la autoridad se compromete: “Entonces voy a mandar a que registren todo eso para que podamos encontrar esos locales que proyectan ese tipo de películas”. Aparte, La Fuente no cuenta con un número oficial de cuántos “café-videos” hay en la ciudad.

En la zona 16 de Julio, caracterizada por sus ferias de jueves y domingos, también se han abierto desde hace cinco años “cine-videos”. Hay un total de 20 en las calles que la forman. Y el precio de la entrada es más caro: 2,50 bolivianos por película. Según un espectador, la diferencia en el costo se justifica en que los ambientes son más amplios, aseados y cómodos. No obstante, los “cinematógrafos” de Villa Dolores tienen un prestigio ganado en varios años de funcionamiento, y por ello ese barrio es el más concurrido por los cinéfilos alteños y parentelas enteras que optan por estos locales, en vez de un cine.

LOS “ILEGALES”

En La Paz, en las zonas de Tembladerani y Gran Poder, también hay concurrencia a otros ambientes que guardan las características de sus pares de El Alto, sobre todo en la segunda, específicamente en el “Barro Chino”, donde se dan cita los “albertos”, personas que venden objetos robados. Los “cine-videos” se han vuelto parte del paisaje y la arquitectura del lugar. Sus carteleras están compuestas por las tapas de las cajas que contienen los DVD pegadas en una venesta; o expuestas en vitrinas, anaqueles y banquetas; o simplemente los anunciadores escriben los títulos en pizarras pequeñas colgadas al ingreso.

Los asiduos asistentes hasta han bautizado con nombres de cines conocidos de la urbe paceña a las salas, según sus comodidades; por ejemplo, en el primer piso de una propiedad de ladrillos y pintada de anaranjado se ubica el “Monje Campero”, que contiene sillones elegantes para el público y ofrece una atención “de primera”; o el “6 de Agosto”, que sólo posee sillas, aunque el menú de platos y los servicios no tienen nada que envidiar al anterior. En estos sitios se puede consumir, por ejemplo, pollos al spiedo, silpanchos, chuletas, asados, cafés con sándwiches, apis con pasteles y refrescos.

La cotización de la entrada es de 1,5 bolivianos. Hay hasta una decena de estos espacios repartidos por las casas del “Barrio Chino”. Una de las propietarias, que evitó brindar su nombre a la revista, por ejemplo, ofrece tickets a la puerta de una vivienda que posee varios “cine-videos” en sus ambientes interiores. Las funciones son ininterrumpidas desde las 09.00 hasta las 23.00, especialmente los fines de semana y feriados. “¡Pase, señora; pase, joven, si no le gusta la película se puede cambiar de sala”. Los boletos son pequeños papeles numerados. En el interior, otra mujer acomoda a los asistentes, indicándoles en cuál de los cuartos se difunde el filme de su preferencia.

Sin embargo, la falta de higiene es una de las falencias en la mayoría de los negocios de esta índole en la zona, incluso en algunos no hay baños. Pero eso no es todo, hay otros problemas que rayan con la ilegalidad, porque a diferencia de lo que ocurre en territorio alteño, la Alcaldía de La Paz lucha contra la piratería y, por lo tanto, no acepta la presencia de estos locales.

El comandante de la Guardia Municipal paceña, mayor Augusto Ruso, cuenta que a fines de 2007 se llevaron a cabo operativos que cerraron varios de estos ambientes. “Todo lo que se muestra en ellos es piratería. Hay películas piratas y hasta pornografía infantil. Lamentablemente, estos lugares siguen apareciendo por la inconsciencia de la gente, porque genera dinero y es un comercio atrayente… Son antros de perdición, no tienen comodidad, no tienen servicios básicos, no tienen ni siquiera ventilación y tampoco higiene. En resumen, son lugares clandestinos que se hallan completamente improvisados”.

La autoridad relata que, por ejemplo, en las redadas implementadas en el “Barrio Chino”, por denuncias de vecinos y gremiales del barrio Gran Poder, se estableció que muchos de estos espacios se convirtieron en “refugios donde se reúnen personas de mal vivir, como ladrones y alcohólicos, quienes atemorizan a la gente de los alrededores”. Incluso en ellos la Policía detectó objetos de dudosa procedencia, empezando por televisores y equipos de sonido que pueden ser robados, a la par de la venta de bebidas alcohólicas. Es más, se hallaron siete de estos negocios que operaban de manera clandestina con permisos de rotiserías o quioscos de café y alimentos que son entregados por la Alcaldía.

Lola Patzi, vecina de la zona y dirigente de la Federación de Juntas Vecinales de La Paz hasta 2007, cuenta que constantemente su organización pidió el cierre de los “cine-videos” y “api-videos”, y revela que hay unos 40 camuflados en el “Barrio Chino”. “En las puertas se ponen a vender comida, pero adentro están delincuentes que inhalan thiner, clefa. Funcionan todo el día a puertas cerradas, y el ingreso se cotiza entre 50 centavos y un boliviano”.

Estos salones del “Barrio Chino” no se hallan organizados como sucede en la urbe alteña; ninguno de los propietarios quiso emitir contraparte alguna a la revista sobre las denuncias. Así funciona este rubro en las urbes de La Paz y El Alto, entre la “legalidad”, la “clandestinidad” y la piratería.

“Son piratas clandestinos”

El director del Consejo Nacional del Cine, Armando Urioste, explica que en el funcionamiento de los “café-videos”, “api-videos” y “cine-videos” hay dos instancias de legalidad que pueden ser vulnerados por los propietarios de estos negocios: una relacionada con el permiso de funcionamiento y otra con los derechos de autor de cada filme que se difunde. “En general, la Alcaldía se dedica a registrarlos y punto final, no le interesa si cuentan o no con derechos para la exhibición de las cintas. En el primer caso, si no se registran, son clandestinos; pero en el otro, son piratas, pues no tienen derechos de difusión de las películas”.

En cuanto a la piratería, el funcionario sostiene que estos sitios permiten a personas de bajos recursos económicos a acceder a ella. “Estos mecanismos establecen la posibilidad del derecho a la cultura, empero, igual hay el problema de la calidad de los materiales que se exhiben cuando se ejerce este derecho, o sea, en la mayoría de los casos no sólo son piratas clandestinos, sino que la gente accede a una cultura de mala calidad como las películas de kung fu, y no hay un proceso de formación del público con filmes de calidad”. Aparte, esto ocasiona una competencia desleal a los empresarios que apuestan por las salas de cine, que pagan impuestos…

Pero Urioste reconoce que regularizar esta situación es una “tarea gigante”, aunque no imposible, y una solución puede iniciarse con un seminario taller en el que participen los actores del proceso de producción, distribución y exhibición de estos materiales audiovisuales como la Aduana, la Asociación de Café-Videos… para establecer un convenio que permita a estos comerciantes salir de la clandestinidad, la piratería y el acceso a productos culturales de mala calidad.

FOTOS • Javier Paz Arteaga

 
 
© 2006 - LA PRENSA - EDITORES ASOCIADOS S.A.
Derechos Reservados ®