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El estrecho de Tiquina, dolor de cabeza

Por Redaccion central - La Prensa - 27/03/2013


Los balseros de Tiquina se han convertido en una fuerza capaz de ejercer algo muy parecido al chantaje en contra de turistas y pobladores de la provincia Manco Kápac, no sólo por la nueva alza de los pasajes para cruzar el estrecho, sino por las condiciones generales en las que prestan el servicio.
Las normas de seguridad son inexistentes, los salvavidas son un adorno dentro de algunas lanchas, y sólo son distribuidas cuando se produce algún percance, cuando no una desgracia, como las que sucedieron hace algunos meses al cruzar ese punto del lago Titicaca.
Los motores fuera de borda son una fuente de contaminación que, inclusive, afecta a los pasajeros que deben ubicarse en la popa de las embarcaciones.
Son comunes las largas esperas y, para enfermos, personas mayores, embarazadas o discapacitados, ingresar en cada lancha se hace muy complicado.
Por ello, se ha producido la reacción de los habitantes de esa región paceña. Es que cuando un sector ostenta un monopolio se generan situaciones de abuso y perjuicio, que crean automáticamente rechazo y conflictos. Es lo que ha ocurrido en la región lacustre.
Los lancheros actúan como el perro del hortelano. Bajo el argumento de que el cruce de vehículos y personas es su única fuente de ingresos, se oponen a la construcción de un puente que permitirá el paso de vehículos, por lo el viaje se reducirá entre media hora y 45 minutos.
Ante esta situación, los pobladores de la región han decidido poner en mesa un antiguo proyecto, denominado Winaymarka, que consiste en la construcción de tres puentes que tocarán tres islas y reducirán en casi 50 kilómetros el viaje hasta Copacabana.
Este plan deja de lado Tiquina en el trayecto, por lo que los balseros pueden perder no sólo los ingresos que perciben por el paso de motorizados y turistas, sino que se puede afectar al sector gastronómico y la economía general del municipio.
La ruta que une La Paz con Copacaba une a Bolivia con Perú y desde allí se puede acceder a los puertos del sur del vecino país, pero no es posible utilizarla porque ningun tráiler podrá atravesar en un pontón el paso lacustre, pero con un puente pueden cambiar las cosas, pues los vehículos pesados podrán llegar a la frontera con Perú a través de un camino completamente asfaltado e ingresar en el vecino país a través de Kasani, en el departamento de Puno para dirigirse desde allí a Matarani e Ilo. Puede ser una ruta alterna con ese destino.
Es probable que, por lo menos, por ahora, no se construyan los tres puentes, pero en breve la presión por contar con ese paso vehicular sobre el estrecho será tan intensa que balseros y pobladores tendrá que aceptar la construcción de la enorme estructura, lo que facilitará el acceso al Santuario, que es uno de los principales destinos turísticos del país, por lo que el viaje a ese punto debe ser sencillo y confortable.
Lo merecemos todos los bolivianos.

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