Ed. Impresa El editorial

Y qué de los valores que no se cumplen

Por Redaccion central - La Prensa - 4/09/2011


El derecho de derechos, por decirlo de una manera sencilla, que resume en pocas palabras la esencia de estas pocas líneas, es la vida. Sin ella, ninguno de los demás derechos que proclama la Constitución Política del Estado tendría asidero, validez o razón de ser. Si no hay vida no hay nada, por lo menos nada por qué vivir. A partir de ésta, de lo que representa, podemos construir los valores, los principios, las fuentes, raíces o fundamentos de una nación. Valores como el suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa) o el teko kavi (vida buena), que nos muestran nuestro origen. Nuestra esencia.
No hay nada complejo en discernir cuáles son los valores que deben regir la vida de uno. Las más de las veces éstos se repiten como consecuencia de lo que nos ha sido inculcado desde la casa, desde la escuela, desde los núcleos más íntimos. Como una paradoja. Como simples palabras, carentes de sustento y verdadero sentido. La dificultad está en vivir y actuar conforme a estos valores. A respetarlos. A querer respetarlos. A cumplirlos. No como un mandamiento impuesto, sino como algo natural, algo con lo cual uno se siente a gusto. Cómodo. El conflicto se suscita cuando se rompe el compromiso. El compromiso hacía uno mismo, o hacia otros. Las más de las veces los administrados. El pueblo. El problema está en no concebir que los derechos de uno terminan donde empiezan los del otro. En el fondo, esto es lo que sucede en Bolivia. Toda vez que el Estado, que ayer criticaba con grandes adjetivos el modelo capitalista, el modelo económico del imperialismo, basado en la angurria, en el amor al dinero, en el fin por encima de los medios, hoy se ha transformado en el peor de sus miedos. En el peor de sus males. Un Estado de orden capitalista. Por lo menos eso expone y muestra al mundo cuando, a nombre del progreso, del desarrollo financiero, está dispuesto a vulnerar su Constitución, los principios escritos en ella, los valores en los cuales descansa una nación, al destruir áreas protegidas, bosques forestales, fauna y flora, uno de los pulmones del país y del mundo al construir una carretera que atraviese el Parque Nacional Isiboro Sécure.
El tema va más allá de la ejecución o no de una obra. De la integración o no del país. De su crecimiento o estancamiento económico. El tema pasa porque los valores que nos representan, en realidad no representan nada. Nada más que un discurso. Un conjunto de palabras, que juntas escriben una línea. Una idea. Idea que nadie respeta. Ni el Gobierno, principal promotor de su redacción. Concebido de un modelo de Estado a partir del vivir bien, del vivir en armonía con la naturaleza, de respetar los derechos de la madre tierra. Un país sin valores es un país que no se respeta. Que no respeta los derechos de quienes conviven en él.