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Maltrato a la mujer

Por Jimmy Ortiz Saucedo - Columnista - 22/04/2013


Todos los días vemos noticias de violencia contra nuestras mujeres, lo poco espanta y lo mucho amansa. Nos hemos amansado.
La prensa publicó: “El 70% de las bolivianas es víctima de maltrato. El maltrato hacia la mujer sigue siendo el cáncer de la sociedad boliviana. Datos divulgados por la ONU. La mayoría no denuncia a su agresor por temor o vergüenza (El Deber 11-10-12)”.
Comentaba en ese momento y lo reitero hoy: Esta es la noticia más trágica que he leído en los últimos tiempos. Me ha sorprendido muchísimo la poca cobertura de los medios en general. Esta es una noticia de portada, en cualquier país normal del mundo, aquí fue soslayada.
Tampoco la mujer en general y los grupos feministas en particular le han dado la relevancia que merece. Menos aún los líderes políticos y las mujeres del MAS, tan activas en otros casos.
¿Somos una nación violenta? ¿Qué pasa con Bolivia? ¿Acaso no es trágico que les peguen y agredan a nuestras madres, a nuestras hijas y a las mujeres en general? ¿No es 70 por ciento un porcentaje aberrante? ¿Acaso es cierto lo de “porque me quiere me aporrea”, costumbre troglodita que pervive en el siglo XXI?
Según la OMS, a septiembre de 2011: “Entre un 15% en Japón y un 70% en Etiopía y Perú referían haber sufrido violencia física o sexual perpetrada por su pareja’’.
Bolivia, Perú y Etiopía son los países con mayor violencia contra la mujer en el mundo. ¡Bolivia y Perú!... ¿Será un efecto de la cultura andina?
Y no sólo contra la mujer. El 3 de abril de 2012, comentando un titular de Página Siete “El 67% de los alteños prefiere un Gobierno con ‘mano dura’”, señalaba: “Quiero mostrar mi gran decepción y tristeza por los resultados de ésta encuesta. Son resultados lapidarios,  nos muestran como un pueblo que opta por la mano dura, en lugar de la conciliación”.
Esta es una infausta constatación empírica. Bolivia no es un país de diálogo. Somos un país de palo y de guasca. Somos un país donde los violentos encuentran tierra fértil, donde la democracia no cuadra y el autoritarismo sí, somos autoritarios por natura.
Somos un país de bloqueos, de huelgas, de paros y de tinkus sangrientos. Un país donde se pega a las mujeres. Somos un país donde la gente se cuelga en cruces y se saca sangre para pintar carteles. Ése, desgraciadamente, es el estilo nacional.
Somos un pueblo enfermo, como escribió Alcides Arguedas en 1909.  Por eso, la más alta autoridad de la República pide flexibilizar los Derechos Humanos en los cuarteles para que sigan pateando y matando a nuestros jóvenes soldados.
Si bien se ha promulgado, acertadamente, la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres el Respeto, una Vida Digna y Libre de Violencia, este país sólo será viable cuando hombres de alma noble nos gobiernen. Cuando hombres buenos lo sustenten desde el mismo pueblo, con una cultura renovada.
Todo indica que la vida no me alcanzará para ver la patria que soñé.