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El año nuevo andino

Por Karen Lizarazu Cabrera - Columnista - 21/06/2012


El Año Nuevo Andino se celebra cada 21 de junio, en correspondencia con el solsticio de invierno y el inicio de un nuevo ciclo agrícola para los pueblos andinos relacionado con una nueva época de las siembras anuales. En este preciso momento, los sabios andinos o “amautas” han encontrado el punto clave para la renovación de la naturaleza y la vida. El Año Nuevo Andino también se llama “Willka Kuti”, que significa el “retorno del sol”; es el momento en que el día se torna más corto y la noche más larga, pero a partir de entonces el sol se irá acercando más y más, brindándonos su cálido aliento de vida.
El Año Nuevo Andino es una celebración que pervive en el espíritu de los pueblos andinos. Es una herencia que nos legaron nuestros ancestros, cuyo fundamento estaba en su minuciosa observación de los fenómenos astronómicos y los ciclos de la naturaleza, lo cual les permitía organizar sus labores agrícolas y pecuarias. Una interpretación más reciente afirma que se celebran 5.520 años de pervivencia de los pueblos andinos, partiendo de 5.000 años de antigüedad que se atribuyen a la milenaria cultura de Tiwanaku, a los que se suman otros 520 años desde 1492, cuando los españoles llegaron a este continente.
El 21 de junio, el frío invernal se hará intenso, ya que el sol se ubicará en el punto más alejado de nuestra parte de la Tierra: el sur. Las conductas serán de regocijo, con ritos y ofrendas al Tata Inti y a la Pachamama, como una expresión clara de la armonía entre ser humano y naturaleza, entre ser humano y universo sagrado. Son principios básicos en la espiritualidad del hombre andino, principios tan necesarios en tiempos de crisis social, ambiental y espiritual. El Año Nuevo Andino nos recuerda nuestra responsabilidad para superar estas situaciones y problemas, ya que somos parte de una totalidad integrada.
La revitalización de estas celebraciones está en íntima relación con los procesos de reivindicación de los pueblos originarios andinos. Hace un poco más de 30 años, surgió en Tiwanaku una manifestación ritual del Año Nuevo que con el transcurso del tiempo se tornó en una de las celebraciones más importantes de Bolivia. De aquí las ceremonias se reprodujeron por varios lugares: Jesús de Machaca, Wankané, Chiripa, Charazani, Copacabana y otros lugares en el departamento de La Paz; Venta y Media, Huanuni, Curahuara de Carangas, Pampa Aullagas, Chuzekery y otros en Oruro; Inkallajta en Cochabamba; Samaipata en Santa Cruz, y recientemente el Gobierno ha declarado feriado y ha decretado su celebración en varios otros lugares sagrados.
La celebración del Año Nuevo Andino comienza con la reunión de la gente en la víspera, es decir el 20 de junio. Se acompaña toda la noche con fogatas, música y bailes propios de los Andes. Alrededor de las 05.00 del 21, se preparan las ceremonias centrales, que consisten en el “alcance” de ofrendas como “mesas”, q'uas, wilanchas, dulces, incienso, copal, coca y licores. Todos estos elementos simbolizan un tributo para el Tata Inti, el sol. Cuando asoman los primeros rayos del sol, hay alegría y las personas extienden las manos para colmarse con la energía solar. Para los pobladores rurales andinos, es también un momento adecuado para expresar sus peticiones y agradecimiento a la Pachamama por una buena producción agrícola.

 

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