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Los Gnomos de Zurich y crisis
Por Agustín Saavedra Weise - Columnista - 17/08/2011
La frase “gnomos de Zurich” fue divulgada por el británico Harold Wilson en 1956 para referirse a cómo los banqueros suizos manejaban sus negocios y especulaban de múltiples maneras. El asesinado presidente estadounidense John Kennedy popularizó la expresión al referirse a los gnomos de Zurich en uno de sus últimos discursos. Englobó en el apelativo a poderes ocultos que traficaban con los vaivenes internacionales. La expresión pasó a formar parte de varias teorías conspirativas. Lo que quiso decirnos Kennedy quedó en el misterio por su trágica muerte en 1963.
Llámense gnomos de Zurich o duendes de Londres, Nueva York o Tokio, es un hecho que existe un minigrupo de poderosos que regula gran parte de los aspectos del mundo. Ese dominio es de una realidad incontrastable. Los tales gnomos se mueven en función de sus intereses y reviente quien reviente, caiga quien caiga.
Un ejemplo claro lo tenemos con la exagerada agitación de los mercados mundiales. Hay pequeños grupos que se están beneficiando mientras millones caen inocentemente en la trampa bursátil. Al unísono tiemblan muchos países, inclusive aquellos tildados de poderosos. Cuestiones meramente políticas, mediante hábiles manejos mediáticos se transformaron en arrolladoras corrientes especulativas de fuertes pérdidas para la mayoría con ganancias para los contados gnomos que las instrumentaron.
Hay una crisis real en los países industrializados, eso es innegable, pero por lo menos en el caso de Europa, ella sigue siendo periférica. Irlanda, Portugal y Grecia representan menos del 10 por ciento del PIB de la eurozona. Es para alarmarse, pero no para un alerta rojo. Sin embargo, el frenético afán especulativo ha hecho tambalear bolsas y gobiernos. Esto, sumado a lo sucedido en EEUU, es peligroso. Como ese minúsculo grupo de poder planifica procesos milimétricamente, las crisis nunca llegan a la hecatombe y producen lo deseado: cuantiosas pérdidas para los ingenuos con pingües beneficios para quienes estaban dentro de la maniobra.
El eterno retorno de los gnomos de Zurich sigue su curso, siempre en busca de más poder y riquezas, aunque sea a costa de males universales.
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