Ed. Impresa Canónimo

¿Pornografía gratuita?

Por Bernardo Paz Gonzales - Columnista - 7/07/2012


Continuamos con nuestra revisión de los 12 libros más destacados de 2011 . A continuación, una reseña sobre una compilación cotroversial.

El escritor norteamericano David Foster Wallace (1962) aborda un tema muy delicado en la entrevista número 46 de su conjunto de relatos: Breves entrevistas con hombres repulsivos. El hombre entrevistado se refiere a la violación de una mujer para realizar una curiosa observación: “A veces tendemos a ser estrechos de miras (…) no nos paramos a considerar que nadie es solamente una víctima y que nada es solamente negativo y solamente injusto: casi nada es así”. No se trata en absoluto de una especie de apología a este acto violento, la afirmación apunta hacia otro lado.     “No digo que se alegre. Pero piensa en cuánto se ha ampliado su perspectiva de mundo, piensa en lo amplia y profunda que se ha hecho su perspectiva mental”. Vale la pena tomar en cuenta no sólo el contenido del discurso, sino lo que éste logra. El entrevistado puede tocar (y hasta matizar) un tema tan fuerte y delicado porque su norte no se encuentra en la violación per se; amagando astutamente, la mirada apunta a la relativización general de cualquier hecho. El narrador camina hacia un punto A con la mirada puesta en un punto B.
VISTA DE REOJO. El escritor y editor peruano Salvador Luis Raggio Miranda (1978) presentó el pasado año La condición pornográfica, una antología de cuentos conformada por catorce autores iberoamericanos publicada por la editorial El Cuervo. Esta recopilación reúne cuentos que Raggio denomina “pornotemáticos”. En ellos, la diferencia entre lo erótico y lo pornográfico se hace evidente: los cuentos no sugieren (un escote), muestran (la desnudez entera). El propio autor asegura en una entrevista que dicha diferenciación había sido el primer objetivo de la antología, el otro consistía en ver cómo Iberoamérica se insertaba en el discurso global de la pornografía.Raggio recuerda no haber encontrado muchos antecedentes de antologías referentes a la pornografía, pero esto no tiene que ver con un problema de popularidad temática, sucede que (quizás) ésta todavía es vista de reojo, muchas sociedades la ven moralmente inaceptable e ilegal. No obstante, así como la creación de tabúes es natural en la humanidad, igualmente lo es su posterior abolición. Muestra de ello es la antología de Raggio, cuyos autores, con la misma astucia del personaje de Foster Wallace, basan sus relatos en temas pornográficos, pero no enfocan la totalidad de su atención en ellos, son utilizados como detonantes o articuladores de otras historias. 
 COMO UN TÓTEM. La contratapa de este libro afirma que la única condición de la obra es la pornográfica, éste es, justamente, el espacio que comparten todos los relatos. Así, como en antiguas sociedades primitivas se regían y organizaban las leyes y tabúes a partir de un tótem unificador, en esta obra es la pornografía la que organiza y unifica. Alrededor de este distintivo, los relatos se mueven libremente entramando varias temática que, como nota el prólogo, parten desde la vergüenza, el desparpajo, la vida privada de la industria del sexo, intimidades y clichés. Pero no sólo eso, los relatos van más allá. Volar, del peruano Luis Hernán Castañeda, cuenta la historia de un hombre a quién su novia escribe: “No quiero verte más (…) hasta que dejes (…) esa obsesión malsana con la pornografía”. Y él explica: “La pornografía y yo tenemos una historia”. El personaje sacrifica la relación con su novia por una cita virtual que tiene lugar en una página pornográfica. Sin embargo, hay un trasfondo crítico dirigido a una sociedad cerrada que se opone y evita lidiar con ciertas obsesiones o tabúes. En otro cuento, una mujer compra un auto usado con el último monto de dinero que su marido le proporciona antes de entrar a la cárcel. Una policía se sube al auto y ambas se dirigen a un motel ubicado en una villa. Este relato, titulado “Esa troncha trenza de cana”, es quizás el que más fácilmente podría catalogarse de pornografía gratuita y sin sentido, pero incluso, escrito por la argentina Gabriela Bejerman, guarda un trasfondo hacia el que se dirige la mirada, mientras se camina por una senda pornotemática. Puede leerse una clara crítica a una institución que, por norma y costumbre, suele catalogarse de una sola manera: la policía cumple el papel de cuidar y resguardar la seguridad de los ciudadanos. En todo caso, no debe olvidarse que “la pornografía no sólo encierra un contenido tabú (…) también la intencionalidad de provocar un efecto revelador e impropio” (asegura Raggio en el prólogo). Bejerman provoca este efecto revelador alterando e invirtiendo completamente el papel de una institución como la policial, armándose con la pornografía misma, el lenguaje claro y explícito y, además, con la evidente disolución entre ley y crimen. La ambivalencia que Freud destaca a propósito del tabú (al que asume como algo atractivo y repulsivo a la vez) entra en juego a lo largo de La condición pornográfica. Los autores manejan contrastes, tonos completamente distintos adscritos a un mismo espacio y logran que la pornografía no camine sola, sino de la mano de un tema (muchas veces) más delicado. 
SIN NOMBRE. Fernando Barrientos, director de la editorial El Cuervo, recuerda que algunas de las personas que compraron La condición pornográfica pidieron que ni sus nombres ni el del libro aparecieran en la factura. Es innegable que la pornografía continúa siendo un tabú en muchas sociedades, pero no por ello esta antología la aborda con eufemismos (o disfemismos). Sin embargo, tampoco se trata de una pornografía gratuita (sin sentido), sino, más bien, de un tabú abordado a la manera del personaje que Foster Wallace ficcionaliza: con astucia, con amague y en algunos casos con  buen tino. La pornografía es aquí un tótem unificador a partir del cual se otorga más de un sentido a una literatura pornotemática, muchas veces censurada y prejuzgada.
*Estudiante de la Carrera de Literatura

14 son los relatos que forman parte de esta antología en la que participan distintos escritores del continente.

La contratapa de este libro afirma que
 
Su única condición es la pornográfica, éste es el espacio que comparten todos los relatos. Así, como en antiguas sociedades primitivas se regían y organizaban las leyes y tabúes a partir de un tótem unificador, en esta obra es la pornografía la que organiza y unifica. Los relatos se mueven libremente entramando distintas temáticas.

 

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