Ed. Impresa La crisis de un modelo económico y el desarrollo de otros alternativos plantean divergencias en las formas de gobierno de la región. Sin embargo, la cooperación entre países parece ser clave para el desarrollo de las naciones.

“Tratemos de despolitizar, de desideologizar y repolitizar”

Por Mirna Echave - La Prensa - 20/05/2012


 ERNESTO SAMPER   - Mirna  Echave La Prensa

ERNESTO SAMPER - Mirna Echave La Prensa

¿ Cuán necesaria es la cooperación entre los países de la región para impulsar los actuales modelos sociales?
Creo que las buenas relaciones políticas garantizan que marche todo lo demás.
Esta situación la hemos vivido con Colombia y Venezuela; la relación del presidente Álvaro Uribe con Hugo Chávez fue de permanente confrontación, de judicialización de problemas, de enfrentamientos incluso militares y de cierre de fronteras.
A partir de un mejoramiento en las relaciones políticas entre los dos mandatarios, como por arte de magia, han surgido programas de cooperación mutua, la mejora de las condiciones en las fronteras, etc.
Las relaciones entre países nos tienen que permitir debatir los temas que nos interesan. Yo creo que los problemas de seguridad en América Latina, por ejemplo, tienen que ver con el narcotráfico, con el tráfico de armas, con la prostitución infantil, con los desastres naturales, que por causa del calentamiento global se han duplicado las posibilidades de incidencia de los desastres.
Esos son los temas de seguridad, y de eso tenemos que hablar de lo que nos divide, para ver si somos capaces de superar y crear un nuevo concepto de región.

Se ha planteado una crisis intelectual, de ideas políticas, ¿cuáles serían los mecanismos para cambiar esta situación?
Entiendo que es necesaria la existencia de escenarios políticos que, de alguna manera, permitan el trámite de diferencias democráticas sin recurrir a vías de hecho, sin tener que romper las relaciones internacionales.
Creo que escenarios como el de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), de la Cumbre de las Américas que vivimos en Cartagena, creo que plantean la oportunidad de que los países tramiten sus diferencias sin caer en confrontaciones inútiles.

En esta situación, ¿existe relación con la crisis del modelo económico que se aplicaba en la región?
Sin duda, lo que sugiero es que en vez de ideologizar las relaciones internacionales, tratemos de despolitizar, de desideologizar y repolitizar estas relaciones.
Aunque parezca un trabalenguas, es muy sencillo, yo no puedo tener diferencias con mi vecino porque él piense diferente, mucho menos si estas diferencias son motivo de discusión, de enfrentamiento o de ataque.
Lo que tengo que lograr es tener buenas relaciones, que me permitan inclusive poder manejar las diferencias de manera democrática y no a través de la confrontación.

¿Cuál es la importancia de la participación social en las decisiones de gobierno?
El concepto de inclusión que hoy manejan algunos países plantea que no solamente se requiere darle más servicios a la gente, sino darle canales de participación para que la gente de alguna manera pueda convertir este derecho en una obligación exigente al Estado a través de canales democráticos.

¿Será necesario normar o limitar esta participación?
De ninguna manera, más bien hay que canalizarla, para que no se manifieste solamente a través de protestas callejeras, para que no sea una especie de espuma que sube y se va; sino a través de canales democráticos, de manera que estas exigencias sociales puedan ser concretadas de una manera práctica y efectiva.

“Las buenas relaciones políticas entre países aseguran todo tipo de buenas relaciones en los otros campos, y a partir de ellas surgen iniciativas de cooperación mutua”.

“Hay que canalizar la participación social en la toma de decisiones de los gobiernos, para que ésta no se convierta sólo en marchas o manifestaciones que crezcan como espuma”.