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Prisioneros paraguayos del Chaco, en Cucuni

Diego Alfonso Rojas Castro*

Durante la Guerra del Chaco la mayoría de las poblaciones de Bolivia, por no decir todas, dieron una “cuota de sangre” enviando a sus hijos al frente de batalla. Y no solo eso, también aportaron desde retaguardia enviando suministros y víveres.

Algunas incluso recibieron en campos de confinamiento a prisioneros paraguayos capturados en las distintas batallas de la guerra. Una población que hizo las tres cosas a la vez es Irpa Irpa, municipio que forma parte de la provincia de Capinota, ubicado a 67 km de Cochabamba.

Hoy en día, Irpa Irpa es conocida por la producción de cemento a cargo de la Cooperativa Boliviana de Cemento (Coboce) gracias a las canteras que se encuentran en el lugar, pero la población tiene una historia íntimamente ligada a la Guerra del Chaco que es importante recordar y tener presente.

En esta población se encuentra un hermoso paisaje llamado Valle de Cucuni, considerado “Patrimonio Histórico y Cultural de Bolivia”, ya que ahí se encuentra la Hacienda de Cucuni que fue propiedad de Vitaliano Ledezma Guzmán, coronel del Ejército boliviano nacido en Irpa Irpa. Era un hombre alto, robusto, de tez blanca, de pocas palabras y que tenía a varios perros por compañía.

 Este coronel habiendo acabado de conseguir su jubilación después de una brillante carrera como agregado militar en las embajadas de Brasil, España, Francia, Alemania, y pese a haber estado en muchos lugares del mundo, prefirió volver a su tierra natal e invertir los ahorros de toda su vida en la adjudicación de los molinos y terrenos pertenecientes a esta hacienda.

Declarado benemérito de la Guerra del Acre y del Chaco (a la cual asistió estando ya jubilado), a su vuelta del “infierno verde”, trajo consigo 50 prisioneros paraguayos, a quienes se les atribuye la construcción de esta hacienda a cargo de la dirección del citado oficial.

En aquel tiempo, la Hacienda de Cucuni era la residencia más acomodada del pueblo, se destacan palmeras, una caballeriza y el molino de agua conocido como “El molino de Cucuni”, construido en la época de la Colonia y restaurado en la época republicana. El sonido del agua llama la atención y guía su origen. Se trata de una acequia que atraviesa la hacienda y alimenta el molino cuya piedra —destinada al molino de los granos— se encuentra ahora fuera de las ruinas, en completo abandono.

Ahora se pueden ver los restos de las tejas caídas junto a cañahuecas y pajas sobre los molinos que se utilizaban para la transformación del grano en harina con la fuerza del agua. Las paredes de adobe están remojadas por el agua y el ingreso a este espacio es casi imposible por el lodo acumulado. Su visibilidad, desde el camino, se complica por la maleza que ha crecido y la falta de limpieza.

Conforme al diseño típico de estos molinos (que aún se ven en Arani y otras zonas del valle cochabambino, así como en los valles de Cairoma en La Paz), en el sótano del molino se ubicaba parte del sistema de engranes que permitía hacer girar las muelas y los colectores de harina, que se usaban también para almacenar el grano.

Los prisioneros en su confinamiento, trabajaban en la hacienda de herreros, albañiles, carpinteros, y también en la agricultura y en el molino, cultivando verduras y hortalizas para el aprovisionamiento de tropas bolivianas en el campo de batalla.

Como ya se dijo, en este valle se instaló además un molino de impulsión hidráulica, “Harina La Flor”, donde llegaba todo el grano de Quillacollo para después ser transportado en tren. El ferrocarril salía desde la Estación de Irpa Irpa hasta Potosí (presumiblemente rumbo a Uyuni). Posteriormente, la carga era llevada en mulas y burros hasta el escenario bélico. A la fecha, la Estación de Irpa Irpa que fuera el centro de desarrollo del pueblo, se halla también abandonada y convertida en tiendas de abasto.

En el mismo estado se encuentra hoy en día la hacienda, abandonada y en ruinas aunque, afortunadamente, todavía está en pie. Según Camacho Guzmán, los ancianos del lugar no pueden precisar el lugar donde estuvieron alojados los prisioneros, ya que no se habría encontrado un ambiente con capacidad de albergar tal cantidad de cautivos.

El investigador y autor Rodrigo Rosa, cuenta que en una visita realizada a Irpa Irpa en 1999, un anciano que solía tomar sol en la plaza contó que los prisioneros dormían en una precaria construcción de adobes con techo de paja reforzada con viejas lonas de carpa, que estaba contigua o muy próxima al molino, y que se había levantado exprofeso para tal fin.

El anciano contó también que los mismos prisioneros habían ayudado a edificarla y que dormían en jergones o “payasas”. A decir del anciano, dicha construcción habría desaparecido hacia 1943, tras haber sido despojada de su techo por la repatriación de los prisioneros. Sin embargo, Donata Salazar, la más anciana de la zona de Cucuni, cuenta que los prisioneros dormían en el sótano de la construcción principal, ambiente completamente inhabilitado por el paso de los años. Eran parte de la comunidad y andaban siempre de buen humor, recuerdan los ancianos. Cinco paraguayos que murieron por enfermedades fueron enterrados en el cementerio de Capinota.

En una visita realizada al lugar, el domingo 27 de noviembre de 2016, vimos que lo que era antes el sótano de la construcción, a fuerza de anegarse una y otra vez por las lluvias, hoy se encuentra colmado de tierra lama. No es descabellado pensar que esta construcción haya podido servir para alojar a los prisioneros, eso sí, en completo estado de hacinamiento, con literas de apenas 30 o 40 cm de ancho y varios niveles uno encima de otro, de modo que una vez acostado, la litera de nivel superior quedaba prácticamente en la cara del prisionero.

Con estrechos espacios con lo justo para circular por el sótano entre las literas, fácilmente podrían haber entrado los 50 prisioneros que la memoria histórica del pueblo recuerda haber tenido confinados durante la guerra.

Un detalle tal vez de poca importancia pero que llamó la atención del que escribe esta nota, radica en que en una visita a Paraguay, causaba segundos de confusión en los bolivianos la forma de dar indicaciones que tienen allá: “vaya derecho” para ir recto por la ruta. El primer impulso de los bolivianos era girar a la derecha hasta comprender al instante que había que continuar recto.

En la visita realizada a Irpa Irpa uno de los pobladores usó la misma frase para indicarnos la ubicación de los Molinos de Cucuni —vaya derecho— ¿casualidad o una forma del lenguaje que permanece hasta hoy por influencia de los prisioneros paraguayos del tiempo en que estuvieron allí?

Es una pena ver que este lugar con tanta historia quede abandonado y en el olvido. Se podría habilitar la construcción principal donde estuvieron los prisioneros como museo. Conseguir fotografías (que seguro que las hay) de los prisioneros en la Hacienda en sus trabajos de agricultura en lo que una vez fue su campo de confinamiento, poner las listas de nombres de los prisioneros que estuvieron en el pueblo durante el tiempo que duró su cautiverio.

¡Basta de desidia e indiferencia para con la historia de la Guerra del Chaco!

 

* El autor es ingeniero perito en informática forense.

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