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Música de alto nivel Sicuris Sinfónicos

Miguel Jiménez, músico, llegó a Bolivia después de varios años formándose en la composición musical sinfónica, hoy tiene un proyecto inspirador denominado Sicuris Sinfónicos, “se llama así ya que por todos los años que estuve entre la música clásica y la música de mi país, he querido componer y hacer arreglos de música nacional para orquesta sinfónica, lo que me permitió la visión de incluir una sección de zampoñas a la orquesta, pero me di cuenta que en Bolivia casi nadie lee partituras, especialmente en la interpretación de los instrumentos de viento” dijo el músico a Los Tiempos. 

“Cuando un compositor trata de crear una obra nacional con tinte tradicional, se basa siempre en la cultura sinfónica occidental, combinando la obra occidental con el uso de  las técnicas armónicas orquestales acústicas occidentales y se incorpora la cultura del país”, dice Miguel cuando se refiere a las particularidades de la composición musical; y afirma que lo mismo han hecho los músicos  europeos  en sus orígenes, pero nadie se cuestiona el origen de las obras clásicas; “por ejemplo, La Polonesa de Chopin era una danza de aldea, solamente que en cierta época, un compositor polonés, en este caso Chopin, toma unas cuantas danzas tradicionales de su país y las combina comenzando a verlas en un estilo no tanto ya de danza sino de escucha, música para escuchar, eso en general llegó a ser la música clásica universal, y eso ya nadie se cuestiona”.

“Ésa es mi ambición”, dice el compositor y reconoce que en Bolivia hay suficiente cultura musical como para que gracias a la zampoña cromática, instrumento muy completo y culturalmente valioso, “nosotros los bolivianos podamos tener más significancia en el mundo entero gracias a esos dos elementos”, el instrumento que tienen todo lo que se requiere y la riqueza cultural en cuanto a melodía, ¿por qué no?

Y aunque el músico boliviano no está formado para leer partituras, es posible componer desde cero, con el instrumento tradicional, la zampoña; pese a que la zampoña andina no tiene todas las notas, es decir, no es cromática, con ciertas adaptaciones y una disciplina rigurosa en el estudio y la práctica, en menos de seis meses se podría contar con un elenco de músicos que permita a los compositores crear obras sinfónicas con ritmos propios del acervo cultural de la región.

El músico cuenta que “ya en los 90 cuando vine a Bolivia para hacer mi aprendizaje del quechua, hice unos cursos con el Centro Cultural Portales, donde me fue muy bien; el curso duró unas seis semanas y llegaron unos 20 muchachos que no leían partituras, pero eran maravillosos y en un mes y medio, logramos lo que yo creía que no se podía hacer en menos de un año”.

El proyecto de Jiménez apunta a que en Bolivia exista un curso al menos en cada centro importante del país, donde haya demanda de interpretación de zampoña cromática con lectura, con esa visión de que cuando estos músicos estén formados, en dos o tres años, ya se podría contar con gente capaz para que se pueda componer música sinfónica con una sección completa de zampoñas.

Miguel presentará un concierto de zampoña cromática y piano en el Centro Simón I. Patiño este 3 de marzo, donde además expondrá la propuesta de Sicuris Sinfónicos con el propósito de captar el interés de la gente en esta propuesta que promovería la música, la capacidad de los intérpretes locales, pero principalmente la posibilidad de creación y composición sinfónica de alto nivel con instrumentos y recuperación de melodías propias de la tradición andina. 

La zampoña cromática es un instrumento muy completo y capaz a nivel expresivo y mas técnicamente dinámico, se puede tocar fortísimos, se puede tocar pianísimos, tiene una gama de timbres en la manera como se sopla, es tan rica como cualquier flauta traversa o hasta más y realmente, es un instrumento que tiene mucho potencial sonoro. “Por eso la zampoña obviamente además es un instrumento ícono de la cultura andina”, menciona el artista.  Francia está dispuesta a apoyar, desde la orquesta sinfónica de ese país y otras instituciones que Miguel  ha contactado, como el Conservatorio regional de algunas ciudades como Tuluz, donde vivió por algún tiempo; “tuve contacto con directores de orquesta,  gente de peso y propuse este tema de composiciones desde Bolivia y están dispuestos, muy curiosos y abiertos a la música erudita y no puramente tradicional que vienen de otros países”. Lo que quiere decir que se puede llevar la música allá, “podríamos tener zampoñistas cromáticos de alto nivel, tocando en sinfónicas internacionales”, concluye el artista.

“’Jiménez presentará un concierto de zampoña cromática en el Centro Simón I. Patiño este 3 de marzo, para exponer la propuesta de los Sicuris Sinfónicos al público en general, la entrada es libre y la gente que asista podrá enterarse del proyecto de composición con zampoña cromática que el artista lleva adelante”

 

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