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Nancy López: 39 años trabajando junto al calor del horno y la harina

María Fernanda Vargas

Laboratorio de periodismo UCB

La mayoría de las personas tiene un pan en la mesa a la hora del desayuno, muchos ignoran todo el recorrido que éste hizo para estar ahí. Su producción empieza cuando el Sol se esconde y la ciudad duerme.

Las manecillas del reloj marcan las cuatro de la mañana, Nancy López, que vive en Quillacollo, se despierta tras algunas horas de descanso luego de trabajar en el pan que en pocas horas distribuirá. 

Empieza a hacer la masa para los rosquetes, alista para su entrega el pan de batalla, marraqueta, caspa (pan redondo) y tortilla que fueron hechos la noche anterior.

Tras la distribución, regresa a su casa a “pintar” los rosquetes para empaquetarlos y entregarlos. Al llegar la noche empieza otra jornada laboral.

Esta rutina y el trabajo junto al calor del horno y la suavidad de la harina lo realiza desde 1982, cuando empezó ayudando a sus suegros. En 1984, inició haciendo empanadas rojas, rosquetes y pan. 

“Cuando empecé a ayudar a mis suegros vi que me gustaba la panadería, se volvió una pasión”, menciona López. 

Inició en un horno artesanal, 15 charolas y preparación manual porque no tenía máquinas que ayuden.

“Pasé cursos y me especialicé en repostería”, añade López.  Posteriormente, adquirió sus propias máquinas industriales. Actualmente, tiene una infraestructura más amplia y cómoda. En el cual tiene dos hornos artesanales de 60 charolas cada una. 

Empezó haciendo tres productos y ahora ofrece una gran diversidad, sobre todo para fechas especiales, como carnavales, Semana Santa, Corpus Christi, Urkupiña, Todos Santos, Navidad.

“Seguimos viendo cómo crecer y seguir diversificando los productos”, indica López.

Nancy dice que la pandemia afectó su negocio porque todas las fechas especiales se cancelaron. Sin embargo, empezó a realizar sus “masitas especiales”. 

Como cualquier inicio pasó bastante retos y desafíos. “Iba a ofrecer mis panetones puerta por puerta y hacer degustar mis productos. Los vendía en bolsitas. Sufrí pérdidas porque dejaba al fiado. Realizaba sola todo”, recuerda. 

Ahora su producción y negocio creció gracias a su perseverancia y a Dios como asegura ella.

“Los productos son elaborados como en casa, ya que están hechos en hornos artesanales que son de ladrillo. Lo cual hace que tenga una calidad que nos distingue del resto”, indica.

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