Pasar al contenido principal
AGENCIAS

Un Cannes marcado por la Covid-19 termina dando la caótica Palma de Oro a “Titane”

El Festival de Cannes cerró este sábado su 74 edición con la segunda Palma de Oro de su historia concedida a una mujer, la francesa Julia Ducournau, que brilló con “Titane” en un año marcado por la sombra de la Covid-19.

Trasladado de mayo a julio para tratar de encontrar en el calor del verano francés una época de menos contagios y después de la anulación de la edición de 2020, el certamen regresaba cargado de películas y con muchos recelos por la pandemia de coronavirus. Una edición con entre el 30 y el 40 por ciento menos de acreditados que habitualmente, un Mercado del Filme fantasmagórico y una programación sobresaturada.

La competición oficial tuvo 24 largometrajes, cuando lo normal es no pasar de 20. Una treintena de películas fuera de competición, 20 en Una Cierta Mirada, 13 en la Semana de la Crítica y 24 en la Quincena de Realizadores, sin contar los cortometrajes. Todo eso, en 12 días.

“Titane”, Palma de Oro

En términos puramente cinematográficos, la gran triunfadora fue Ducournau con esa Palma de Oro con la que sucede a Jane Campion, máxima ganadora por “The Piano”, ex aequo en 1993 con el chino Chen Kaige por “Farewell My Concubine”.

Había nombres en la competición como los de Asghar Farhadi (“A Hero”), Jacques Audiard (“Les Olympiades”), Wes Anderson (“The French Dispatch”), Nanni Moretti (“Tre piani”), François Ozon (“Tout s’est bien passé”) o Leos Carax (“Annette”).

El nivel medio fue alto, pero no hubo ningún fenómeno comparable al de “Parasite” en la anterior edición, la de 2019.

Las películas consideradas menores, como “Haut et fort”, del franco-marroquí Nabil Ayouch, o “Lingui”, del chadiano Mahamat-Saleh Haroun, se hicieron un hueco en las críticas de los expertos, pero no en el palmarés. Y, por supuesto, hubo polémicas. La principal la de “Titane”, un filme provocador, violento, sexual, pero también profundo y tierno, cuya victoria fue anunciada por error al principio de la gala de clausura por el estadounidense Spike Lee, presidente del jurado.

Fuera de competición y secciones paralelas

Los apartados sin opción a la Palma de Oro congregaron gran parte de la heterogeneidad del certamen.

Desde tres de los documentales que más impactaron, “The Velvet Underground”, “VAL” y “JFK Revisited: Through The Looking Glass”, hasta el último trabajo del siempre provocador Gaspar Noé, “Vortex”, que rebajó sus revoluciones habituales con su filme más realista y personal.

Cannes sorprendió además con dos nuevas secciones no competitivas, Cannes Première, dedicada al trabajo de miembros consagrados de la industria, como Mamoru Hosoda (“Belle”), y otra centrada en la lucha contra el cambio climático.

El grueso del cine latinoamericano o en español se concentró en la sección oficial Una Cierta Mirada y en las independientes Semana de la Crítica y Quincena de Realizadores. México salió de hecho triunfal de la primera, con sendos premios a “Noche de fuego” y “La civil”.

La Covid, la verdadera protagonista

Pero más allá de los estrenos y los premios, la verdadera protagonista de este Cannes ha sido la Covid, que ha obligado a cambiar todo su funcionamiento, con un resultado “excepcionalmente satisfactorio”, en palabras del delegado general, Thierry Frémaux.

Algo que no responde totalmente a la realidad. Ha habido largas y continuas colas de los acreditados no vacunados —o con certificado no europeo— que se tenían que hacer la prueba para acceder al Palacio de Festivales.

En el interior, el control mucho más laxo, y las discusiones por mascarillas inexistentes o mal puestas han sido la tónica diaria. Entre los efectos más conocidos de la pandemia, la ausencia de la francesa Léa Seydoux, que iba a ser una de las grandes protagonistas del certamen con cuatro películas en total, tres de ellas en competición, pero que se tuvo que quedar en París tras dar positivo, pese a estar vacunada.

No hay datos precisos, pero Frémaux calcula que se han efectuado estos días entre 50 mil y 80 mil tests, con sólo unos 70 u 80 positivos.

Pocas estrellas y poco glamour

Ha sido un año escaso de estrellas. La Covid por un lado y las películas elegidas, por otro, no han permitido las continuas alfombras rojas glamurosas  de  otras ediciones.

Adam Driver y Marion Cotillard inauguraron los desfiles para presentar “Annette”, que le valió a Carax el premio a la mejor dirección. Sean Penn y su hija Dylan protagonizaron otra de las alfombras rojas más vistosas, para la proyección de “Flag Day”.

Sophie Marceau e Isabelle Huppert encarnaron la elegancia francesa y Lee sorprendió cada día con extravagantes y coloridos atuendos que culminaba con llamativas zapatillas deportivas (algo prohibido para acceder al Gran Teatro Lumière a quien no es una estrella).

Catherine Deneuve, Jodie Foster y Matt Damon fueron otras de las grandes protagonistas que acudieron a presentar películas o recibir la Palma de Oro de Honor, en el caso de la actriz estadounidense.

Y Sharon Stone, Helen Mirren, Diane Kruger, Bella Hadid o Ester Expósito aportaron belleza y estilo, aunque no hubiera razones cinematográficas para su presencia.

Pero sin duda la alfombra roja más festiva fue la de “The French Dispatch”, que reunió a Tilda Swinton, Timothée Chalamet, Benicio del Toro, Adrien Brody, Owen Wilson o Bill Murray.

Su paso por la alfombra roja y su posado ante los fotógrafos fue la única oportunidad de ver a todo el equipo junto, ya que no hubo rueda de prensa. Primera vez que esto ocurre, según los periodistas más veteranos, pero un dato que el festival no ha querido confirmar.

Ha sido ante todo una edición que celebró la vuelta de la comunidad cinematográfica tras el parón de 2020, con menos gente en las salas del Palacio y una combinación en las calles poco habitual: la de los miles de acreditados con los veraneantes habituales de la Costa Azul.

En Portada