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“Misión: Imposible. Fallout”

Cuerpo

La saga de películas basadas en la serie televisiva “Misión: Imposible” se considera una de las franquicias cinematográficas más distinguidas, potentes y rentables que existen. La nueva entrega, “Misión: Imposible. Fallout”, es la sexta de la secuencia y la única que repite director, Christopher McQuarrie, quien también estuvo al frente de la anterior, “Nación secreta”. McQuarrie es un constante colaborador de Tom Cruise (que es el mandamás y el protagonista de la franquicia, en el papel de Ethan Hunt). McQuarrie ha dirigido, escrito o producido varias de las películas estelarizadas por Cruise; de las buenas, como “Operación Valkiria” o “Al filo del mañana”, y de las malas, como “Jack Reacher” o “La momia”. Sin embargo, la repetición de su nombre en la dirección de este filme quizá se deba a otra cosa: al hecho de que éste sea una continuación directa de la precedente “Nación secreta”, con la que comparte villano, Solomon Lane (Sean Harris), líder del grupo terrorista el Sindicato. Por lo demás, cada película ha estado a cargo de algún miembro de un destacadísimo grupo de directores de acción: Brian de Palma, John Woo, J. J. Abrams y Brad Bird.

Esta saga, que casi siempre ha recibido el apoyo de la crítica y la audiencia, había llegado a su punto más alto con su quinta entrega, “Nación secreta”. De modo que fue un alivio para todos el que “Fallout (Lluvia radioactiva)” no desmereciera a su antecesora. Como en ella, en este filme también abundan los personajes interesantes, encantadores o despreciables, las persecuciones trepidantes, las peleas que importan y los giros narrativos sorprendentes; un vertiginoso carrusel de sensaciones que impiden que el espectador se aburra y/o se desconecte de una historia que bien pensada resultaría absurda. Ni siquiera las exageraciones más chocantes respecto a la capacidad de los protagonistas para sobrevivir logran que uno de predisponga en contra de esta película.

“Fallout” mantiene una de las características entrañables de la serie, el uso de máscaras que impiden saber si un personaje es o no el que aparece ante nuestros ojos. En ella, en cambio, se echa de menos otra de las marcas distintivas de la franquicia, la necesidad de entrar subrepticiamente a una fortaleza “imposible” de traspasar. Un detalle que se intenta sustituir con una dosis extra (la película dura dos horas y media) de enfrentamientos armados en varias partes del mundo: ciudades elegantes, pueblos alejados y montañas. El mejor de los cuales, sin embargo, sucede en un lugar muy ordinario: un baño.

Hay que decir que “Fallout” no es mejor que “Nación secreta”, y no lo es por varios factores, entre ellos ése que comparte con esta película previa: el villano. Ocurre que Solomon Lane, el cual realmente resultaba inquietante en la anterior entrega, ahora deviene en un terrorista ecológico poco interesado en tomar el poder, es decir, en un malo adocenado. Para compensar, McQuarrie introduce a otro importante villano, John Lark, el cual no carece de atractivo, pero tampoco da la talla del antiguo Lane.

El otro “contra” de la película reside en los cabos sueltos que deja la trama. Se trata de la búsqueda de tres esferas de plutonio que un grupo remanente del Sindicato, los Apóstoles, ha logrado robar, pero que al mismo tiempo, por alguna razón, están dispuestos a canjear por Lane con quienes sean capaces de liberar a éste de la cárcel, sin que quede claro por qué no lo liberan ellos directamente. Tampoco es muy convincente el papel que se ha reservado para la CIA, representada por la directora Erica Sloan (Angela Basset), la cual aparece abocada por encima de todas las cosas a cargarse a la Impossible Mission Force, inclusive al costo de la desaparición del mundo…

Un bono extra lo ofrece la actuación de Vanessa Kirby como la “Viuda Blanca”, una bella contrabandista de armas. Su intervención refuerza el atractivo elenco femenino, en el que repiten la sueca Rebecca Ferguson, como Ilsa Faust, y Michelle Monaghan, como la exmujer de Hunt. Kirby destaca por su juventud y sensualidad, y porque al parecer en la vida real está siendo cortejada por Cruise, quien como se sabe suele andar en unas complicadas historias de amor. En todo caso, Kirby es la única de las chicas del filme que besa al célebre actor, en una escena no muy necesaria que digamos, y que da para la especulación… Ja, ja, ja… Lo que pasa es que Cruise suele salirse con la suya, tanto dentro como fuera del plató. Es uno de los pesos pesados del “star system”, un hombre lleno de poder, capaz de hacerse tolerar sus excentricidades religiosas y personales por parte de la industria. La explicación más simple de este ascendiente puede encontrarse en la siguiente cifra: si la secuencia de seis películas de “Misión: Imposible” costó unos 800 millones de dólares, la misma produjo nada menos que 3.300 millones de dólares de recaudaciones en todo el mundo.

 

El director

Christopher McQuarrie es un productor, guionista y director cinematográfico, nacido en 1968, en Nueva Jersey, en los Estados Unidos.

McQuarrie nació y se crió en la sección Princeton Junction de West Windsor Township, Nueva Jersey, donde asistió a la secundaria West Windsor-Plainsboro High School South, en la que tuvo como compañeros al director Bryan Singer, al actor Ethan Hawke y al músico James Murphy.

Finalizado el secundario, en lugar de comenzar la universidad, decidió trabajar como profesor asistente en la Christ Church Grammar School en la ciudad de Perth, Australia Occidental y más tarde hizo autostop por toda la mitad occidental del continente.

Volvió a los Estados Unidos un año más tarde y comenzó a trabajar para una agencia de detectives en Nueva Jersey durante los siguientes cuatro años. En 1992, se inscribió en el Departamento de Policía de Nueva York y estaba por comenzar la academia de Policía, cuando Bryan Singer, su ex ompañero de escuela, le ofreció la oportunidad de escribir su primer guion para la película “Public Access”, ganadora del Gran Premio del Jurado 1993, en el Festival de Cine Sundance.

Singer y McQuarrie colaboraron nuevamente en la película de 1995 “Sospechosos habituales”, trabajo por el que McQuarrie recibió, entre otros, el Premio Edgar, el Premio Independent Spirit, y el British and American Academy Awards. McQuarrie pasó los siguientes años dividiendo su tiempo entre la reescritura de películas (como “X-Men”) para distintos estudios y el desarrollo de un guion sobre la vida de Alejandro Magno, escrita con Peter Buchman.

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